Cómo prohibir lo prohibido

Carles Enric
4 min

A veces la política lleva a reflexionar sobre temas meridianamente claros. Vamos a poner un ejemplo práctico. Imaginen un partido de fútbol, por utilizar el deporte nacional. Allí un jugador a la primera oportunidad coge el balón entre los brazos, corre como si jugara a rugby, llega a la portería y grita gol. ¿Alguien duda de que el gol no sería valido?

Vamos más allá. Ese mismo jugador y su equipo dicen que el gol ha sido válido. Que ahora se puede jugar con las manos y que antes de empezar el árbitro no había dicho nada del nuevo uso. ¿El reglamento? Sobre eso no tienen duda. Dicen que harán uno más chulo, complementado con sonrisas, y helados para el público, después de cada gol. ¿Les suena?

Pues eso ya no es fútbol. Será otro deporte nuevo. En la vida pasa lo mismo. Claro que hay un tópico que dice que las normas están para romperse. Pero nadie duda de que si cambias las reglas debes abandonar juego. Y aquí entra en liza una segunda cuestión. Cuando algunos no reconocen las normas o las leyes y dan por bueno que lo prohibido puede saltarse, ¿cómo prohíbes lo prohibido a quien no lo acepta?

El incumplimiento de las normas por parte de un presidente, un vicepresidente o unos parlamentarios debería llevar el embargo automático de todas las nóminas

En un sistema democrático se hace a través de las leyes. Pero los fascistas, totalitarios y otras calañas de baja estofa también lo ignoran. Para ellos, las normas son las de su familia, su entorno, su colmado de delincuentes. Y contra eso hay dos maneras tácticas de actuar. La primera y más clara es reducir a la mínima esencia esa mafia de una forma ordenada. En general, las mafias sólo favorecen a unos cuantos, por lo que hacer llegar al resto que no se benefician de ese orden debería ser una prioridad.

La segunda es menos mediática. Se trata simplemente de cortar la financiación de la mafia. Tristemente, ni ellos pueden sobrevivir sin dinero. Quien incumple las leyes no debe cobrar dinero público, y menos gestionar dinero público de todos. Prohibir lo prohibido es al final un tema conceptual. Lo prohibido está prohibido por alguna norma, y lo menos que podemos esperar de cualquier autoridad es simplemente no financiarlo.

Si ese hipotético equipo de fútbol que juega con las manos siguiera insistiendo, la solución sería automática. Dejarían de cobrar los derechos televisivos y serían expulsados de la competición, con eso sus figuras deberían dejar de cobrar. Dejando el fútbol y entrando en la política, la acción debe ser igual. El incumplimiento de las normas por parte de un presidente, un vicepresidente o unos parlamentarios debería llevar el embargo automático de todas las nóminas. Algunos que siempre han vivido del dinero público se darán cuenta de que, sin él, la vida es dura. Algo que los Puigdemont, Junqueras o Romeva desconocen. Simplemente porque ellos toda la vida han vivido de esto y siempre han creado sus normas para jugar sólo ellos y sus amiguitos.

Artículos anteriores
¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

¿Quiere hacer un comentario?