Si no te ha gustado, la culpa no es mía

Roberto Giménez
5 min

Hoy quería hablar de TV3, llevo varios escritos anunciándolo, pero tampoco lo haré. No porque no quiera, ni me apetezca. Pensaba soltar unas frescas y quedarme tan ancho como Dios pero el director de Crónica Global en su Zona Franca del miércoles me chafó la guitarra y puso a caldo a La Nostra con argumentos semejantes a los míos.

Debemos tener telepatía, así que no repetiré su argumentario, sólo le pondré esta puntilla que supe el jueves 22-D de San 66.513: el comité de empresa de TV3 pide literalmente que "los informativos, especialmente, deben incorporar los principios de independencia y neutralidad". No una paranoia mía, sino una denuncia desde a cocina de La Nostra.

Vaticino que su demanda es un grito en el desierto porque, para el Govern de la Generalitat, TV3 es su mascarón de proa con una quilla de acero para conseguir su objetivo inalcanzable. No hace falta que lo explique, porque no me gusta repetirme.

El comité plantea una misión imposible, entre otras, porque a principios de este año pusieron de capitán pirada a un viejo conocido: David Bassa. Era la mano derecha la pubilla de Santa Mònica la más Terribas de todas las periodistas de este orgulloso país que baila haciendo la rodona permanente.

El comité de empresa de TV3 pide literalmente que "los informativos, especialmente, deben incorporar los principios de independencia y neutralidad", pero vaticino que su demanda es un grito en el desierto

No hablaré de TV3 sino que lo haré de una sugerencia que me envió por Messenger Thomas Jeffrey Miley, que por sus apellidos no parece de Lavapiés, y que criticaba mi artículo anterior objetándome que a veces sí que es lícito contravenir las leyes y me habló de Nelson Mandela y Martin Luther King en su lucha por los derechos humanos de los negros de Sudáfrica y los Estados Unidos. Con este ejemplo, mi lector Thomas demuestra que no es de Lavapiés ni de Malasaña, sino que su origen está más cerca el Estado de Massachusetts.

Su comentario me fue providencial porque en estos días de compras navideñas no tengo la cabeza en el oficio de escribir.

Así que le contesté con una obviedad: ¡Por su puesto que se debe combatir una legalidad que atenta contra la dignidad humana! No le dije nada más. No me enrollo con desconocidos por Messenger. Pero le di las gracias porque me había dado una idea de este artículo que sustituía al de TV3 que tenía escrito en la cabeza. Él me respondió a lo yanqui con un OK.

Mi respuesta es este artículo que me lo sirvió en bandeja de plata.

Tiene razón Mr. Marshall: los catalanes no somos los negritos de Sudáfrica ni los negracos de Harlem. Y en España a los catalanes, aunque los teleadictos a TV3 un día se lo lleguen a creer, nadie nos hará bajar de un autobús por tener los mofletes del rabada de la plana de Vic, aunque sea el mismísimo Francesc Homs, embajador metropolitano en la capital del Reino de Mordor.

Lo cuento en plan chufla porque estamos en Navidad, tiempo familiar de tregua y paz. Ni deseo que se les indigesten los turrones artesanales de Agramunt a los teleadictos de TV3. Este artículo sólo es una felicitación de Navidad para los lectores de Crónica Global.

Si te ha gustado, pásalo. Si no te ha gustado, la culpa no es mía...

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¿Quién es... Roberto Giménez Gracia?
Roberto Giménez

Durante treinta años ha sido director del Vallés, era el segundo semanario más antiguo de Cataluña, y fue director de Honor de El Vallès del siglo XXI. Ha escrito diez volúmenes de la serie 'Casi treinta años y un día' -en Sant Jordi de 2016 se publicó el último: 'Historias de mujeres vallesanas'-. Son las memorias del director del semanario comarcal más leído en Cataluña, que desapareció seis meses después de que lo dejara. Cada Sant Jordi publica una edición de 100 ejemplares que se agotan el mismo día. ¿Por qué no hace más? "Son para mis amigos", responde. Retirado antes de tiempo, con 55 años, por culpa de una bala traidora en la médula... También se le puede seguir en Facebook y en Twitter. No es el capitán Araña. Sus amigos dicen que es honesto y leal, pero eso se lo dicen porque son sus amigos. Para entrar en su cofradía exige Derecho de Admisión. Vale quien sirve, pero no sirve cualquiera.

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