El modelo económico de Cataluña

Carles Enric
4 min

Nuestra tierra, Cataluña, siempre ha sido un referente económico en la Europa del sur. Curiosamente, cuanto más global es el mundo, algunos gobernantes catalanes más se empeñan en encerrarse en un caparazón. No sólo ya los independentistas, que creen que todo pasado fue mejor, sino también la extrema izquierda que gobierna nuestra capital, Barcelona, con sus palos a las ruedas del turismo.

Guste o no al equipo de Colau, en un mundo donde la industrialización colonizará cualquier área de bajo coste, el turismo es de los pocos sectores que puede traer alegrías a una ciudad. La ignorancia de unos en el ayuntamiento y la soflama de volver a las raíces de las cuevas de los otros configuran una Cataluña sin modelo eficiente cara a los próximos años. Cataluña hace tiempo que ya no es un referente, y cuando un lugar pierde, en pocos años, esa posición histórica, mal vamos.

La poca visión de algunos se manifiesta en su miedo a la variedad. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que una economía encerrada y autárquica como quieren algunos configurar a Cataluña sería la constatación del fracaso como territorio. Los gritos independentistas huyen de la variedad, buscan la uniformidad; los peligrosos gritos de la extrema izquierda buscan simplemente destruir la sociedad. Unos y otros son movimientos muy peligrosos en una Europa del siglo XXI.

Cuando el modelo económico de un territorio viene marcado por unas familias antes que por unas necesidades, tenemos un problema, un problemón

Tristemente son los medios internacionales quienes alertan sobre el tema. En Cataluña, más allá de algunos aventureros de pluma arriesgada, la mayoría de medios callan mientras reciben dinero bajo la mesa. Esos tampoco piensan en el futuro. Piensan simplemente en su bienestar particular. Clase política y clase periodística unen sus esfuerzos no para trabajar por una Cataluña mejor, sino por una Cataluña exclusiva para ellos y sus familias.

Y cuando el modelo económico de un territorio viene marcado por unas familias antes que por unas necesidades, tenemos un problema, un problemón. Nunca los intereses de esos individuos están al servicio de todos. Con Franco, por un lado, con las checas por el otro, siempre vivieron a su antojo. La radicalidad de unos y otros no consiguió alejarles del poder. La democracia, un sistema más loable, pero más tibio, tampoco lo logrará.

Nadie debe alarmarse pero Cataluña, aún sin modelo, gobernado por cuatro familias, volviendo a la cueva, sin hoteles de lujo, aún puede volver a ser un referente. Un lugar del turismo sin clase, de aquellas dachas comunistas, donde la lujuria, el alcohol y el sexo eran sólo pequeños juegos a escondidas. A día de hoy, ese camino parece el trazado como futuro de Cataluña. Un territorio, cuna de personajes históricos, que ha sido saqueado por las excentricidades de unos y otros. Europa, el mundo, nos advierten. Pero aquí, como se encargó de decir la portavoz del Govern, Neus Munté, lo vemos como un "simple posicionamiento en el mapa". Lástima que ni de geografía saben.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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