La democracia de los independentistas

Carles Enric
5 min

Hemos asistido hace unas horas a la denominada Cumbre por el Referéndum convocada por el presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont. Decimos que hemos asistido aunque realmente se ha tratado de un acto a puerta cerrada. Según parece hay algunos secretos de la familia que no pueden escuchar en directo los millones de manifestantes por la patria.

TV3 no se ha quejado de tal desfachatez. La censura de según qué actos se convierte en democracia sólo cuando el hecho es catalán. En modo ironía, seguramente han perdido millones de audiencia televisiva por no poder retransmitir el acto pero, en modo real, importaba sólo a los que allí estaban. Vamos, los de siempre... más Colau.

Aunque Ada Colau, que ya saben que no sabe nada más que figurar, sí tiene esa capacidad de saber que a este paso y sin presupuesto municipal aprobado está más cerca que lejos de quedarse sin silla. En eso ha recordado, y citamos literalmente, "este espacio no es para la independencia, es para la celebración de un referéndum, el elemento central que nos une es la defensa de la democracia". Según parece, la alcaldesa confunde independencia con referéndum, y referéndum con democracia.

La alcaldesa Colau confunde independencia con referéndum, y referéndum con democracia

Quizás haya que recordarle que también Franco hacía referéndums, y no eran precisamente democráticos. Allí sólo se presentaban los adeptos al régimen --por cierto, muchos padres de los cargos de Junts pel Sí-- y el resto, a salir en algarabía a festejarlo con brazos alzados, vivas y sonrisas eternas. Nada diferente al escenario actual de Cataluña. Como antes, ahora unos pocos cierran la puerta para hablar, y los adeptos braman por las calles con canciones, banderas y vítores espasmódicos.

Al final, la historia se repite. La democracia no es algo inherente a una cultura, ni algo inherente a unas personas, y menos a unas familias. La democracia es algo de todos. Puede ser de los que se manifiestan y de los que nos sentamos en un sofá. Por suerte, la democracia es una forma de expresión que no se inhala porque la repitamos muchas veces, ni porque la escribamos mil veces. La democracia es simplemente algo que todos nos hemos dado, y que quizás solo aquellos que hablan a puerta cerrada evitan propagar.

Cuando toca luchar o gritar, todos los catalanes son bienvenidos; cuando toca decidir cómo quieren repartir el pastel, toca quedar sólo en familia

Hemos hablado en repetidas ocasiones de que el gran problema del procés ha sido la oportunidad perdida de llevar a Cataluña a una independencia. Muchos factores estaban a favor. La crisis económica, la inestabilidad europea o, por qué no decirlo, la incapacidad del Gobierno español. Pero aún con todo eso a favor, los líderes nacionalistas han errado. Y no ha sido sólo por su manifiesto odio a todo aquello que no tenga raíz catalana, sino porque han perseguido todo aquello que no tenga un origen en su familia. Esa familia catalana que hace 300 años gobierna esta parte del noreste peninsular.

La cumbre sólo constata con su puerta cerrada esa dinámica. Cuando toca luchar o gritar, todos los catalanes son bienvenidos; cuando toca decidir cómo quieren repartir el pastel, toca quedar sólo en familia. Un nuevo error bienvenido por aquellos que creemos que su actividad es todo menos lícita. Al final, cuando uno juega a demócrata no sólo debe decirlo sino compartirlo. Y, claro, pensar que la familia catalana es tan grande como para obtener en democracia ese ansiado 70-80% de votos es cuanto menos un error estadístico. Triste realidad de cálculo cuando ni tan siquiera han llegado al 50% en las votaciones.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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