La caspa española en Cataluña

Carles Enric
5 min

Esta semana ha quedado confirmado en Twitter lo que algunos hace tiempo sabemos. Hay caspa, por suerte no mucha, española en la sociedad catalana. Alguno se preguntará --no, obviamente, a lo Gustavo Adolfo Bécquer "clavando su pupila en mi pupila"-- ¿qué es la caspa española? Podríamos tirar de diccionario para ver que en su forma coloquial alguien casposo es aquel "que llama la atención por estar anticuado o pasado de moda".

Ciertamente hemos criticado, y seguiremos haciéndolo, a esos catalanes que desde la deriva independentista quieren dividir Cataluña. Un buen número, flagelando la bandera y blandiendo las mentiras hasta situaciones casi cómicas. Pero a su vera hay también un ejército --perdón, un comando-- cuyo lema bien podría ser "Dios, España y la Patria". Algo, como dice la definición, ciertamente casposo. Y lo dice alguien con un respeto a la historia. Alguien, además, que al entrar en un cuartel de la Legión se le cuadra hasta la cabra.

Nadie en su sano juicio debería olvidar que, aunque unos dos millones de catalanes votamos contra el independentismo, solo vayan 500 a actos españolistas

Porque ambos grupos radicales tienen un comportamiento similar. No aceptan más que su opinión, se esconden bajo el anonimato --deben ser tan importantes que su cargo depende de un tuit-- y tienen el don de querer una Cataluña de bandos. Por suerte, la mayoría de catalanes no somos así. Muchos, y luego veremos cifras, estamos en contra del procés --algunos lo hemos escrito hasta la saciedad-- y estamos felices donde estamos.

Nadie en su sano juicio, ni visto desde Marte, debería olvidar, por ejemplo, que, aunque unos dos millones de catalanes votamos contra el independentismo, solo vayan 500 a actos españolistas. Y el dato es significativo. A esos actos va la caspa, aquellos que quieren volver al pasado. Aquellos cuya vida es tan aburrida como la de los independentistas, y en vez de quedar una vez al año el 11 de septiembre para hacer una butifarrada quieren hacerlo el 12 de octubre para comer un bocadillo de chóped.

Por suerte, hay menos catalanes aburridos en el españolismo que en el independentismo. Y eso debe hacernos reflexionar a todos. Las banderas --catalana, española-- son trapitos sobre los que no deben nunca cerciorarse la libertad de los individuos. Uno puede ser catalán y no ser independentista; uno puede ser español y no ser españolista. Esos que solo viven de etiquetar al prójimo deberían ver sus actos como una reliquia del pasado. Como dice la definición, "casposos".

Algunos ya hemos recibido supuestas lecciones de catalanidad de la extrema radical catalanista como para encima recibir de la extrema radical españolista. Entiendo que les fastidie a unos y otros que no les rían las gracias. Entiendo incluso que esos españolistas de tuit casposo tengan una vida aburrida y monótona. Incluso que se frustren porque a sus convocatorias no va ni el tato. Pero señores, catalanes somos todos. Radicales son unos cuantos. Por suerte, pocos, muy pocos.

La mayoría de catalanes no está por la independencia pero tampoco tiene un gran apego a la nostalgia casposa de himnos, banderas y canciones

Y el problema de la política aquí, como comentamos en "La Cataluña de los olvidados", es que algunos partidos creen que los interlocutores deben ser o bien estos cuatro "majaras, casposos", o bien los radicales del Govern. Y se equivocan de nuevo. Leer las elecciones, vivir en el país, significa darse cuenta que la mayoría de catalanes no está por la independencia pero tampoco tiene un gran apego a la nostalgia casposa de himnos, banderas y canciones.

Y, entre nosotros, que a estas alturas un radical independentista me insulte va tanto con la profesión como que lo haga un radical españolista. Unos y otros deberían desaparecer del mapa público, nunca mejor dicho, para poder hacer una Cataluña mejor. Ambos, unos como otros, son caspa, mucho caspa, majaras, mucho majaras, pensamiento único y en muchos casos inadaptados sociales. Por suerte, y eso hay que remarcarlo bien alto y fuerte, los catalanes no somos así, los españoles tampoco.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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