El día que fuimos felices

Carles Enric
3 min

Algún día los anales se referirán a estos meses como los más trágicos de la historia de Cataluña. Recordaremos estos últimos 40 años de democracia con una sonrisa. Quizás no todos tuvimos las mismas oportunidades. Quizás algunos se aprovecharon de su posición. Quizás algunos han vivido a expensas del resto de ciudadanos. Pero, al final, uno debe saber que la felicidad no es sólo dinero, posición y princesas.

Y por eso algunos que no lo tuvimos fuimos felices. Desde principios de los 80 la lucha en Cataluña se ha convertido en una desmedida búsqueda del dinero ajeno. Unos eran felices simplemente viviendo, y otros buscaban la forma de llegar a la felicidad a través del dinero. Primero fue la economía, luego la política y, al final, el procés. Fracasaron en lo primero. Hundieron su ya escasa reputación en lo segundo. Pero definitivamente tirarán todo por la borda en esa fase terminal.

Cuando en un territorio algunos quieren simplemente imponer, sin respetar al resto, no hay espacio para el diálogo

Cataluña desaparece. Escuchas a personajes como Artur Mas, un esperpento de lo que fue. A Carles Puigdemont, un malabarista en las mentiras de su currículum. O a Francesc Homs, alguien con menos recorrido profesional que un escolar abonado a la primaria. Todos ellos dicen liderar a los otros. Los otros, esos personajes como los 136 recolocados citados en nuestro diario o los cientos de colocados en TV3. Individuos oscuros cuya única forma de supervivencia es ya el procés.

Cataluña ha creado una especie tan criticada en Madrid como los funcionarios de por vida, sin cartera ni oposición. Esas personas cuya vida aburrida, monótona, transcurre sin más pensamiento que intentar no incomodar a sus superiores. Es la Cataluña del silencio. La Cataluña esclava de una bandera, de un Once de septiembre, de cualquier acto de sumisión común. Una Cataluña de fin de semana como forma de vida diaria. La Cataluña autodenominada de las sonrisas en contraposición a su real tristeza. Todos sabemos que uno acostumbra a alardear de lo que nunca es, de lo que nunca fue, y, a su pesar, de lo que nunca será.

Cada uno puede tener sus ideas. Todos somos libres de expresarlas. Pero cuando en un territorio algunos quieren simplemente imponer, sin respetar al resto, no hay espacio para el diálogo. Cuando el diálogo muere, aquel día mueren las personas. Los felices y esos infelices pierden la sonrisa. Unos por moral y otros por forma de ser. Al final, tristeza para todos. Eso sí, al menos hubo un día que fuimos felices.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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