Dos días de enero de 2017

Carles Enric
4 min

La reunión que nunca existió entre Rajoy y Puigdemont fue el 11 de enero de 2017, según La Vanguardia. Un miércoles. Día donde parece bastante complicado pasar desapercibido en un viaje desde Barcelona (o quizás directamente de Girona) a Madrid. Aunque quién sabe si Puigdemont tiró de épica, a lo Artur Mas, y se metió los 600 kilómetros del trayecto en su coche particular. Fuera o no así, nadie lo vio entrar ni salir de Madrid.

El mismo día 11, en una entrevista en la radio, RAC1 para más señas, su vicepresidente Oriol Junqueras confirmó lo ridículo de su actual posición: "Quedamos [con la vicepresidenta española] en que los dos presidentes, en un momento u otro, hablen [sobre el referéndum] y, en función de esto, retomaremos la conversación". Junqueras se había reunido con Sáenz de Santamaría el día antes de la reunión de Rajoy y Puigdemont.

Nadie dudará de que Sáenz Santamaría era conocedora de la reunión de las siguientes horas en Madrid. A estas alturas, tampoco nadie pondrá en duda que Junqueras vivía en su habitual ignorancia. En este caso, destaca el ninguneo  por parte del presidente Puigdemont. Dos días de enero que marcan claramente unas y otras formas. En Madrid, todos a una; en Cataluña, cada uno en su guerra.

El fin nunca fue la independencia, nunca fue el bien común de todos los catalanes, nunca fue Cataluña. Tristemente, el fin era sobrevivir más años en el poder

Y eso nos debe hacer reflexionar sobre un tema. Cuando todos van a una, es que tienen un objetivo común. Cuando cada uno va a su aire, es que sólo pretende jugar sus piezas. Entonces importa poco la amistad, el equipo de gobierno, ya que simplemente buscan su propia satisfacción. Dato que parece no conjugar con el bien común de todos los catalanes. Puigdemont y Junqueras ya no van a una. Sino que van a lo de cada uno.

Una nueva evidencia de la mentira del procés. Podemos sí quiere ya llamarle la manipulación del procés. El fin nunca fue la independencia, nunca fue el bien común de todos los catalanes, nunca fue Cataluña. Tristemente, el fin era sobrevivir más años en el poder. Para preservarse, Artur Mas se cargó su propio partido, hundió el PSC y ahora hundirá la CUP --aunque estos van sobrados de agujeros--; sólo le queda cargarse ERC.

Mas activó un personaje oscuro, sin pasado, con menos futuro, pero untado en las tácticas más turbias de la oscuridad. Ese personaje, a Carles Puigdemont le encomendó una misión. Alguno pensará: ¿La independencia? No, gracias. Saben que ese objetivo está ya fuera de sus planes. Los dos días de enero escondían algo más complejo, pero a su vez más entendible. La misión es ningunear a Junqueras, recuerden, el de la lágrima fácil. Dos días de enero donde uno queda ridiculizado ante el micrófono de la radio, ninguneado ante la vicepresidenta Soraya. Todo un plan elemental como pistoletazo para las nuevas elecciones... cómo no, autonómicas.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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