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Hoy van a permitirme que durante alguna línea me aleje de la política catalana. Estamos en el último día del año y vale la pena abrir nuevos horizontes. Total, en Cataluña --recuerden-- cada año de los últimos es la antesala de la independencia. Íbamos a serlo en 2014, en 2015, en 2016 y ahora supuestamente en 2017.

A esto paso, el Día de la Marmota de la película de Bill Murray acabará siendo la próxima festividad de Cataluña. Vamos, la Diada no será el 11 de septiembre sino el día que sepamos que acaba nuestro invierno catalán independentista particular. Entre nosotros, a mí la película siempre me ha parecido un gran coñazo, pero ello no impide que hablemos de ella. ¿La independencia? Qué leches vamos a decir de la independencia a estas alturas.

Curtida en personajes de medio pelo como Artur Mas, incapaces de tejer una vida profesional sin la política, con mediocres com Homs o Forcadell, y con personajes del esperpento más español de la mentira como Puigdemont. Sí, aquel que dijo ser licenciado y acabó siendo hijo de panaderos y pasteleros. Dicho con todo el respeto para la profesión. Imagino que el pan debe de ser tan bueno que ni quisieron al hijo al frente del negocio por miedo a estropearlo. Ya ven, negocios como ese pueden vivir, y bien, gracias al esfuerzo, el talento y el trabajo. Los herederos, sólo gracias al dinero público.

Pero cerrando unos segundos el tema estrella de la oscura realidad de la gran familia feudal de Cataluña, volvamos a otras cosas de 2016. Fuera de la política y a título particular, tengo una gran satisfacción por haber lanzado la publicación digital Ecoonomia.com gracias al equipo de Crónica Global y a nuestro propio equipo profesional. Un proyecto que tengo el honor de dirigir y donde tengo la satisfacción de decir que en dos meses está cumpliendo, con creces, mis expectativas.

Algunos olvidan que el dinero público debe estar para beneficio de todos los ciudadanos, no sólo de las familias feudales

Ciertamente hablar de la economía real y futura desde Barcelona y Madrid es sencillo. Por suerte, Barcelona no es Cataluña, Madrid no es España. En nuestras ciudades la información, el talento, las oportunidades funcionan a un ritmo más elevado. Hemos superado en estos escasos dos meses las 100 000 visitas, con un gran incremento en las últimas semanas. En unos meses estaremos cerca de alcanzar a publicaciones con más de diez años en el mercado. Algunos deberían aprender que desde lo privado, con esfuerzo y talento, uno puede ser competitivo.

Volviendo a la política quizás algunos han creído que sólo el dinero público sirve como acicate para las aventuras empresariales. Pero olvidan que el dinero público debe estar para beneficio de todos los ciudadanos, no sólo de las familias feudales. Ese pequeño matiz es el que ha llevado un proyecto como la Cataluña independiente desde la ilusión de muchos hasta el fracaso de todos. Porque, al final, guste o no, cuando un presidente como Puigdemont es capaz de decir que su reférendum será valido aunque no haya mínimo de participación y sólo gane por un voto, es vergonzoso. Peor aún: que nadie de su partido o de su Gobierno se levante y le dé una patada en el culo significa que algo va mal en Cataluña. Y por desgracia, cuando en Cataluña van mal las cosas, todos los que formamos parte de ella lo sufrimos.

Ya ven, un 2016 de tópicos y de alegrías. Algunos pensamos que con el talento que hay en Cataluña y en España en general podríamos aún vivir mejor. Aunque cuando uno viaja se da cuenta de que no vivimos tan mal. Fíjense, somos tan buena gente que hasta a ineptos como nuestros políticos les damos dinero público para que no deban mendigar por las esquinas. Triste realidad cuando el talento en un país huye de la política. Recordemos que la política debería ser un arte para los mejores. Por desgracia, aquí es donde colocan, entre otros, al hijo que no sabe hacer pasteles. Lectores, lectoras, feliz año 2017.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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