Deconstruyendo a Puigdemont, construyendo Cataluña

Carles Enric
6 min

La mayoría asociamos el verbo deconstruir a la cocina de Ferran Adrià. Sin embargo, su origen está en el filósofo francés, nacido en Argelia, Jacques Derrida. Este intelectual era conocido, en algunos ambientes, como el nuevo Friedrich Nietzsche. Su filosofía es una compleja amalgama de sabiduría aplicable, en este singular caso, a nuestro presidente, el MH Carles Puigdemont.

Tengan una copa de alcohol a mano. Sin entrar mucho en filosofía, no es el fin de esta columna, vamos a plantear unos breves conceptos. La deconstrucción sería algo así como la envoltura retórica del todo. Y el todo podría ser cualquier proceso. Según lo cual, un proceso, como elemento socializado inherente, es irreductible a una sola idea o un concepto. Su explicación siempre circula en un movimiento constante de negación, llámenle el mundo de la marmota, que convierte ese proceso en parte de una totalidad mayor que nunca está presente. Deconstrucción es en esencia simplemente comunicación, pero nunca plasmación en real, ya que las ideas no forman parte del proceso contenido. Son, en definitiva, inalcanzables. Ya pueden, ahora, dejar su copa.

Puigdemont es capaz de envolverse en cualquier efecto comunicativo para esconder su ideología

Quizás parece complejo, pero es más simple de lo que creen. Para evitar dudas, un pequeño inciso. Todos estaremos de acuerdo que Puigdemont llega a la desconstrucción no por conocimiento, ni estudios, sino simplemente por casualidad. Pero explota el no concepto del procés de una forma muy sibilina y, no vamos a negarlo, inteligente. Donde no hay contenido, crea comunicación. Donde no hay actos, hay fe. Donde no existen ideas, hay pactos.

La moción de confianza sirvió a un radical del ala dura para plasmar ese pensamiento. Su recorrido triunfal entre los escaños de la oposición para saludar, uno a uno, a sus oponentes es una constatación de su comunicación. Artur Mas, con su prepotencia, jamás hubiera actuado de tal forma. Pero no sólo eso. Puigdemont es capaz de envolverse en cualquier efecto comunicativo para esconder su ideología. Niega los conceptos hasta tal punto que incluso es capaz de negar la salida de Europa en caso de Independencia. Su política no es construir es, aquí en el concepto más terrenal, deconstruir. 

Un discurso basado en la mentira pero efectivo. Para Puigdemont, deconstruir no es sólo derrumbar lo existente. También es construir una nueva realidad. Y esa fascinación por lo irreal tiene compleja respuesta. Primero porque no es efectivo analizar Cataluña con los ojos de la inteligencia emocional habitual. Ese ha sido el error de muchos políticos y, cómo no, sigue siendo el error de la política de Madrid. El procés es un escenario donde los conceptos y las ideas no valen. Un lugar donde la retórica se ha puesto al mando. Un lugar donde el análisis tradicional fracasa. No es precisamente un lugar de la política. 

¿Puede competir en comunicación una tortilla de patatas contra una tortilla deconstruida por Ferran Adrià? ¿Cómo? ¿Quizás sólo usando los mejores ingredientes? ¿O quizás, más inteligente y más deconstruido, diciendo que vamos a usar esos mejores ingredientes? Al final, la retórica se combate con retórica. Los datos falsos con datos verdaderos o, por qué no, falsos. Todo un trabajo laborioso y pausado. Cuando no hay ideas, hay que combatir sin ideas. Deslavazando frase a frase, contenido a contenido, hasta buscarle una esencia mínima. Una idea maleable, aunque sea miserable. Las no ideas, los no conceptos, la fe se combaten con pequeñas ideas.

Puigdemont es un radical. Poco a poco debemos ir descubriendo sus pieles de cebolla para llegar a esa esencia que él mismo desconoce

Seguramente Puigdemont, y su equipo, malean inconscientemente esa filosofía. Van a tempo cambiado. Creen que es comunicación cuando simplemente es imaginación. Trabajan la imagen, trabajan la retórica, son excelentes en la puesta en escena. Son como aquel personaje literario del que uno con su presencia, sus palabras, sus actos puede enamorarse. Pero cuando uno ve su esencia, deconstruye su realidad y se da cuenta de las maldades que esconde. Puigdemont es un radical. Poco a poco debemos ir descubriendo sus pieles de cebolla para llegar a esa esencia que él mismo desconoce. 

Seguramente a cada información, a cada dato, una duda más. La política catalana es compleja. Cuando la política se envuelve en la retórica, en la fe, en los sentimientos, en la bandera, en el himno, en el pueblo... ya no es política. No debemos, entonces, luchar desde la propia política. Menos aún desde la inteligencia emocional, sino siempre desde la filosofía. Ese lugar donde, a veces, los conceptos no son conceptos, las ideas no son ideas, y la estructura de las cosas cambia según medida. En definitiva, deconstruyamos a Puigdemont, para construir nuevamente la Cataluña real.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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