De la 'Decadència' a la 'Butxacaxença' de Cataluña

Carles Enric
5 min

Los aficionados a la historia de la literatura catalana sabrán que entre el siglo XVI y los albores del XIX hubo un período denominado la Decadència. Curiosamente, aunque a algunos les cueste entender, esa época no comenzó con el famoso 1714, sino un par de siglos antes. Dicho tiempo negro de la literatura catalana fue terminó con la Renaixença, cuyo punto de inicio, en 1833, fue la obra Oda a la patria, de Bonaventura Carles Aribau. Por cierto, el escritor que da nombre a la calle de l'Eixample.

Todo momento histórico tiene sus personajes. En la literatura catalana hubo un período oscuro de casi 300 años. No marcado, precisamente, por el poco uso del catalán por el pueblo sino, bien al contrario, por su desuso por la clase dominante, los que escribían. Los que dejaron de usarlo consideraron años más tarde que su prostitución de idioma por querer el poder no honraba a aquellos que sí lo usaron, la gente normal. Tiernamente inventaron un nombre: decadentes. Ciertamente no por extensión del idioma, sino simplemente porque no lo usaban ellos. Y ellos se creen dioses del territorio. Son los que siempre han creído marcar el camino y la historia de Cataluña. Como muchas veces en esta tierra, unos van por un camino y otros van para Cuenca.

Podemos escribir sin equivocarnos que asistimos ahora a una nueva Decadència en Cataluña. Nuevos dioses, nuevas fantasías. Antes por la literatura, ahora por la política. En ambos casos, a causa de unos personajes mezquinos cuyo único fin es su supervivencia gracias al sistema. Antes valía la pluma, ahora son pluma llevada por cualquier brisa. Su camino, el suyo, aunque diferente al de la mayoría de catalanes. Ya saben, esos que trabajan, se esfuerzan, vibran, lloran, hacen el amor y luchan. Otros atajan poniendo la mano, un contrato, un palco, un dinero sucio y escribiendo una historia de Cataluña.

¿Quién es Artur Mas sin su cargo? ¿Qué sería de Puigdemont sin la política?

En la triste Renaixença, aquellos herederos de los traidores al catalán buscaron con fe una identificación a sus mustias vidas. Les importó poco que el catalán se hablará, se escribiera o fuera simplemente una parte más de la sociedad. Ellos, que habían renegado del idioma por ansía de poder, querían volver al idioma al sentirse inútiles. Tal como ahora gente que sin un fin fantasioso pasan desapercibidos. ¿Quién es Artur Mas sin su cargo? ¿Qué sería de Puigdemont sin la política? Aquellos que inventaron la patria, reinventaron el idioma y fundaron la fantasía que ha llegado a nuestros días.

Ahora, sus herederos han transformado el idioma en política. Siguen con el pie cambiado, sabedores de que su incapacidad profesional les lleva a generar nuevas fantasías. Como en la decadencia literaria, no hay un punto de inicio bien conocido. Simplemente pasó. Aquí, los Mas, Puigdemont, Gordó parece que abrieron la mano sin saber comó. Creyeron que esa era la forma de vida habitual. Por desgracia para ellos, ya no tienen ni un Aribau que les escriba. Sin respeto, los Antich, Partal o Terribas dan el nivel. Muchos años faltan para que alguien entienda el mal hecho a Cataluña durante estos años. Cataluña entró en la nueva Decadència hace tiempo. Lo triste es que no se vislumbra una Renaixença, y por si alguien lo duda, la Butxacaxença no es una forma política válida. Respiren, patriotas, ¿quizás tocarán 300 años más para lograr una nueva patria?

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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