A mí no me líes con el referéndum

Ramón de España
4 min

Estamos a dos meses y medio del supuesto referéndum y aquí no hay urnas, nadie firma nada y da la impresión de que Junts pel Sí espera que la independencia de Cataluña se declare sola. Para aparentar que se hace algo, Puigdemont intentó convencer a Junqueras para que se pusiera al frente de todo lo relacionado con el referéndum, pero éste le dijo que ni hablar del peluquín, que a ver si va a ser él el único que acabe pringando. Ante su propuesta de colegiar las actividades --o sea, que firmase todo el mundo y que todo el mundo se arriesgase al posible castigo del Gobierno central--, la mayoría de pedecatos dijeron, en la mejor tradición Baiget, que nanay, que no estaban para jugarse el patrimonio. Conclusión: el referéndum sigue sin nadie que lo organice. O sea, que se impone un nuevo acto trascendente de ésos en los que todos se aplauden unos a otros y nadie firma ningún papel comprometedor. Peculiar manera de alcanzar la independencia, francamente.

De momento, la independencia está en manos de dos partidos que se detestan, de una gente que no está dispuesta a correr el menor riesgo y que no quiere ni ir al trullo, ni que la inhabiliten ni que le peguen un buen pellizco a su patrimonio

La actitud de Junqueras, por otra parte, denota muy poca confianza en la consecución del objetivo previsto. Mucho discurso enardecido, pero a la hora de la verdad, da la impresión de no haber superado el marco autonomista, pues le tiene un pánico absoluto a la inhabilitación, ahora que las encuestas se le muestran tan favorables. Jordi Pujol dominó el arte de ser independentista en teoría y autonomista en la práctica, pero se supone que eso había quedado atrás, junto a la deixa de l'avi Florenci. Se supone que habíamos pasado pantalla y que la independencia de Cataluña era la única forma de impedir su destrucción a manos de los malvados españoles. Se supone que caminábamos, ya que no hacia la independencia, hacia un remake de la performance de Companys en 1934. La ANC y Omnium siguen soñando con calles y plazas ocupadas por los indignados procesistas. Había que internacionalizar el conflicto, ¿no? Según el cupaire Arrufat había que liarla parda para que la represión española llevara a todo el orbe civilizado a simpatizar con los independentistas.

Pero, de momento, la independencia está en manos de dos partidos que se detestan, de una gente que no está dispuesta a correr el menor riesgo y que no quiere ni ir al trullo, ni que la inhabiliten ni que le peguen un buen pellizco a su patrimonio. Toda la épica se les va por la boca, con sus discursos pomposos, sus actos de autobombo y su cultivo permanente del mal rollo y el odio al vecino. Si les asusta el camino emprendido, haberlo pensado antes. Ahora, lo que toca es llegar hasta el final y que sea lo que Dios quiera: llevamos cinco años de tabarra y esto ya no hay quien lo aguante.

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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