Un hombre agarrado a una idea

Ramón de España
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¿En qué se parece la lucha de un Estado de derecho contra una banda terrorista a la independencia de Cataluña? Yo diría que en nada, pero nuestro president no lo cree así. Según él, la pugna de los españoles contra una pandilla de asesinos patrióticos es perfectamente comparable con las ansias de autodeterminación de los catalanes: se trata de persistir en la misión con empeño y vehemencia, ya que la secesión de una parte del territorio nacional es un objetivo tan noble como acabar con el terrorismo. En ese caso, los catalanes independentistas serían como los españoles anti ETA, ocupando el Estado español el lugar de los terroristas. Estas burradas las soltó Cocomocho en un acto de homenaje a las víctimas de Hipercor, por aquello de unir al insulto la afrenta, y se quedó tan ancho, como si el don de la oportunidad no figurase entre sus virtudes.

En el programa de Cuní, Patrícia Gabancho salió en su defensa argumentando que Puigdemont es muy dado a las comparaciones y aprovecha cualquier oportunidad para relacionar lo que sea con el prusés. Puso como ejemplo una reciente visita del interfecto a no sé qué población especializada en la fabricación de corcho, donde dijo que Cataluña, como el corcho, siempre sale a flote por mucho que se la quiera hundir. Comentario carente de ingenio donde los haya, pero no ofensivo, simplemente tonto. Pero la comparación del día de Hipercor resultó inoportuna, estúpida, ofensiva y, sobre todo, demostrativa de que a ese hombre solo le cabe una idea en la cabeza. Yo creo que, si lo sometes al test de Rorschach, verá una Cataluña independiente en cada dibujito que le vayan mostrando, y que, si se le pregunta la hora, contestará, según el momento del día, ¡Dret a decidir! ¡Referèndum unilateral! o ¡Espanya, caca!

La comparación de Puigdemont resultó inoportuna, estúpida, ofensiva y, sobre todo, demostrativa de que a ese hombre solo le cabe una idea en la cabeza

El tema de Hipercor siempre ha sido molesto para nuestros nacionalistas, que debían mostrarse en contra del atentado, pero sin exagerar, ya que una cosa es lamentar la pérdida de vidas humanas, que sí se podían permitir, y otra, denotar la menor duda sobre el derecho de Euskadi a la independencia, que no se podían permitir por la cuenta que les traía. Las asociaciones de víctimas siempre les han molestado, aunque ahora suelten lágrimas de cocodrilo sobre el trato que les han dado, y a punto han estado de acusarles de crear alarma social: las víctimas del franquismo pueden ser manoseadas sin tasa, pero las de ETA más vale que se estén calladitas. No hay que olvidar que el antecesor de Puigdemont, el Astut Mas, le quitó a la ACVOT la subvención y el despachito que le había otorgado Montilla, como diciendo a sus socios que se dedicaran a llorar en silencio y no diesen la tabarra en público.

Puchi solo tiene una idea, y para insistir en ella le da igual el corcho que los muertos. También Jesulín de Ubrique lo llevaba todo al terreno taurino, pues no parecía tener nada más en la cabeza, pero no presidía ningún gobierno.

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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