La impunidad en Cataluña

Carles Enric
5 min

Una de las cosas más sorprendentes de Cataluña es la impunidad con que algunos personajes actúan. La falta de vergüenza se ha convertido en el lugar común de un grupo de catalanes. Aquí uno puede ser presidente mintiendo en su currículum vitae sin pudor. Uno puede cobrar como categoría A sin ser licenciado, como marca la ley. También uno puede ser antisemita declarado, pero seguir ejerciendo su cargo.

Ya hablamos en su momento que el peor servicio del independentismo a Cataluña había sido la exterminación de la autocrítica. Pero cuando sumamos la falta de autocrítica a la inacción ante delitos o faltas cuanto menos graves ya no tenemos sólo un problema. En ese momento, creamos una inseguridad jurídica que es la base de las relaciones sociales en una sociedad democrática. La impunidad ante ciertos actos, todo es justificable en base a la fe en la independencia, es la triste realidad de la Cataluña actual.

Ahora es una tierra inhóspita donde solo aquellos con ese pedigree basado en los contactos y el idioma pueden perdurar

Impunidad para mentir, impunidad para robar. Impunidad para colocarse en puestos con buenos sueldos. Toda una impunidad donde solo aquellos miembros de la gran famiglia catalana pueden acceder. Cataluña, a día de hoy, ya no es una tierra abierta. Aunque quizá nunca lo fue. Ahora es una tierra inhóspita donde solo aquellos con ese pedigree basado en los contactos y el idioma pueden perdurar.

Porque es triste y sorprendente como una supuesta independencia puede articularse solo en base a un idioma. Los idiomas unen, excepto en Cataluña, donde separan. Aquí nunca hubo problemas de entendimiento. Aquí es inverosímil que alguien decidiera un día, por ejemplo, multar por algo tan básico como escribir un rótulo de un comercio en el idioma que a uno le diera la gana. Es ridículo, así debemos decirlo. ¿Imaginan en Francia multar a alguien por escribir su tienda en francés?, ¿o en Estados Unidos en Inglés? Pero en Cataluña está multado hacerlo en español. Algo transgresor, patético.

Han tenido que pasar años para que una incompetente oposición fuera capaz de entender los problemas reales de la gente. Algunos aún no lo saben. Aún hace unos días un independentista decía que eso era falso. No escuchan. Nadie explica las cosas. Porque aquí debemos decirlo en voz alta. Hay unos partidos poco democráticos con métodos cercanos a los años 30, pero hay una oposición servil, capaz de prostituir sus ideas por un cargo. Pregúnteles al PP por su pacto oscuro con Convergencia. Nadie está libre de culpa.

Gobierno y supuesta oposición viven del dinero de la política. Usan la política para servirse no para servir al ciudadano

Porque la impunidad nunca es unidireccional. Siempre está provocada por el grito de unos, pero también por el silencio de otros. Cataluña es lo que es porque en estos años su calidad política ha bajado a límites insospechados. La economía catalana está en bono basura, pero la política directamente en el estercolero. Gobierno y supuesta oposición viven del dinero de la política. Usan la política para servirse no para servir al ciudadano. Unos por hablar, bramar, o chillar, y otros por callar.

Qué tiempos aquellos cuando uno podía confiar en sus políticos. Ahora en Cataluña estamos en el abismo. Es posible multar a simples personas por rotular en el idioma oficial de nuestro país. El grande o el pequeño, eso ya da igual. Un país donde es norma general mentir en los currículums, transgredir la realidad mientras la mayoría giran la vista para otro lado. Al final, Cataluña ya no es lo que era. Hemos pasado de ser el estandarte de España y de Europa, a ser el hazmereír del mundo. Eso sí, al menos al final hemos conseguido alguien nos mire. Lo triste es que sea para reírse de nosotros.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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