En un país normal

5 min

Dice el nacionalismo catalán que en un país normal -se refiere a España- determinadas cosas no pasarían. Por mi parte -admito que en España pasan cosas que no deberían pasar-, afirmo que en un país normal -hablo ahora de Cataluña: acepto que es un país dicho sea en la acepción territorial del término: región, provincia y territorio- no ocurrirían cosas como las que a continuación enumero.

En un país normal, ningún gobierno plantea un referéndum ilegal -fecha y pregunta con trampa- que no se celebrará

En un país normal, el gobierno no cumple o incumple la Ley y las resoluciones de los Altos Tribunales a la carta, es decir, a mayor gloria de sus particulares e intransferibles intereses.

En un país normal, no se reclaman unos supuestos derechos históricos -lean ustedes, unos privilegios- preconstitucionales.

En un país normal, quien defiende el llamado "derecho a decidir" lo hace -eso es la democracia y así funciona el Estado de derecho- en el marco de la legalidad vigente y solo en él, sin triquiñuelas, ni subterfugios, ni artimañas, ni añagazas.

En un país normal, ningún gobierno plantea un referéndum ilegal -fecha y pregunta con trampa- que no se celebrará.

En un país normal, ningún gobierno apela al diálogo poniendo como condición previa del mismo la celebración del referéndum sobre el cual, precisamente, versa el diálogo.

En un país normal ningún gobierno impulsa un Consejo Asesor para la Transición Nacional que diseña las estructuras de Estado del nuevo Estado que surgirá de un referéndum que no se celebrará.

En un país normal, ningún político afirma que quienes defienden el Estado de derecho carecen de sensibilidad democrática.

En un país normal, no se califica de nacionalistas españoles que rompen la convivencia a quienes defienden la legalidad democrática frente a los nacionalistas catalanes que no respetan la ley y sí pueden resquebrajar o fracturar la convivencia.

En un país normal, se respeta el derecho a decidir de los padres cuando se trata de elegir la lengua vehicular en la cual quieren que se eduque a sus hijos. Y también se respeta -además de las sentencias judiciales al respecto- a la mitad de la población -de hecho, más de la mitad de la población- que tiene y siente como propia -no como impropia o extranjera- la otra lengua cooficial.

En un país normal, nadie tilda de intrigante -con todo lo que el término conlleva e implica- a quien tiene una idea distinta de lo que es y debe ser Cataluña. Y de lo que es y debe ser España.

En un país, normal ningún gobierno autonómico o regional promociona un simposio con el título de 'Alemania contra Baviera' o 'Estados Unidos contra Nebraska' o 'México contra Jalisco' o 'Argentina contra Chubut' o 'Indonesia contra Sumatra Meridional' o 'España contra Cataluña'.

En un país normal -sigo con los territorios citados-, los gobiernos normales de Baviera, Nebraska, Jalisco, Chubut o Sumatra Meridional no se sienten expoliados por un Estado del que son -se trata de una cuestión ontológica- parte constitutiva.

La mentira fabrica unas imágenes persuasivas que pueden calmar el ánimo del ciudadano

En un trabajo de Hannah Arendt, titulado Verdad y política, se puede leer que la verdad y la política mantienen muy malas relaciones. Para la filósofa alemana, la mentira fabrica unas imágenes persuasivas que pueden calmar el ánimo del ciudadano. A ello, cabe añadir que hay quien se engaña con sus propias mentiras, porque el engaño sin autoengaño es casi imposible. Gracias al engaño se construye una realidad -virtual- que casa con las fantasías, deseos o necesidades de quien engaña. Un detalle: quien dice la verdad, o tiene voluntad de aproximarse a la misma, es considerado como un peligroso y destructivo enemigo interior. Y el caso es que, a veces, el engaño -las imágenes persuasivas de nuestra filósofa- no calma el ánimo del ciudadano, sino que encrespa sus fantasías, deseos o aspiraciones.

Si quieren que les diga la verdad, comparto el deseo que Artur Mas expresó hace unos meses: "Quiero vivir tranquilo en un país normal". Por eso, president, respetuosamente, le doy un consejo y le sugiero una práctica. El consejo: no se engañen a ustedes mismos y así no nos engañaremos nosotros mismos. La práctica: póngase manos a la obra para que los ciudadanos de Cataluña -como usted dice- podamos vivir tranquilos en un país normal.

Artículos anteriores
¿Quién es... Miquel Porta Perales?
Miquel Porta Perales

Ingeniero técnico químico y licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Colabora o lo ha hecho en 'Abc', 'El País', 'La Vanguardia', 'El Punt Avui', TV3 y Catalunya Ràdio. Ha publicado los ensayos 'Adéu al nacionalisme', 'Malalts de passat' o 'Si un persa viatgés a Catalunya'.

Comentar
albertfonxe 25/08/2015 - 11:26h
En un país normal como USA, Artur Mas vestiría un mono naranja hace ya meses.
dosostenido 25/08/2015 - 11:26h
efectivamente.
Eduardo Pinzolas 25/08/2015 - 11:26h
. El “país normal” que da miedo. Autor: Andreu Pujol (Breda, 1986), concejal de Breda, historiador e historiador del arte. Fuente: Nació Digital.cat, 4 de julio de 2014. En un artículo en el citado medio (título: “PopArb, un país normal”), Pujol hace una valoración sobre el festival PopArb (“festival de música independent feta a Catalunya”, Arbúcies) recientemente celebrado en que asegura que es como si el PopArb ya formara parte del “país normal” que propugna Òmnium Cultural. A continuación, Pujol, Andreu, historiador y concejal de su pueblo, se despacha con estos dos párrafos que reproduzco íntegros: “És clar que si fem un retrat robot del públic, així a ull i sense filar massa prim, hi trobem un públic que ja no és adolescent, de classe mitjana i amb un cert nivell d’estudis. Entre els allà assistents també hi vaig reconèixer poetes, il•lustradors, periodistes i intel•lectuals.
Eduardo Pinzolas 25/08/2015 - 11:26h
(2)És per això que tot flueix i que la catalanitat es dóna per descomptada, perquè aquests són uns sectors on la cultura catalana s’hi ha desenvolupat sense cap tipus de problema. Al Baix Montseny també hem conegut l’altra cara de la moneda. A partir de l’any 2002 van començar a arribar en tromba a l’estació de Sant Celoni joves adolescents d’extraradi amb ganes de gresca i passats de voltes. S’havia obert la discoteca Pont Aeri a Vallgorguina. És aquí on hi ha l’autèntic repte de fer “un país normal”: entre la televisió porqueria, els xandalls llampants, els cotxes tunning i els supensos en l’etapa educativa obligatòria.” Juzguen ustedes mismos. ¿Da miedo o no?
CharoBCN 25/08/2015 - 11:26h
Muy buen articulo Sr Miquel. Saludos
Olegario 25/08/2015 - 11:26h
Es de agradecer la construcción de explicaciones con tanta claridad y tanto sentido común. De nuevo hace falta la franqueza del niño para ver lo obvio: el rey está desnudo...
JoaquinM 25/08/2015 - 11:26h
Muy buen artículo. Gracias por tener la templanza necesaria para conservar el sentido común en pleno aquelarre.
¿Quiere hacer un comentario?