El cinismo es una droga dura

Manuel Trallero
6 min

No ha sido la sesión de esta mañana apta para estómagos delicados. El espectáculo provocado por la sobredosis de esa ficción tan antigua como la propia máscara de la tragedia griega en ocasiones puede llegar a herir la sensibilidad de los espectadores. El primero en comparecer ha sido el señor Esteve Escuer, quien sí, quien no, recibió dinero contante y sonante, y otras veces Millet pagaba las facturas y también estaba su firma que no era su firma, pero que se parecía mucho a su firma. Todo ello dentro de una carpeta titulada Campaña CiU. Esteve Escuer. Elecciones Ametlla. Mayo del 2007 que afloró en unas bolsas de basura que los empleados de Palau trajinaron hasta el discreto boudoir que Montull tenía en las cercanías del Palau, recubierto de espejos, para recibir señoritas que fuman y cuyo servicio de lavandería corría a cargo de la propia institución.

Colom fue a ver a Millet. No le conocía, pero salió de allí con un cheque por importe de 15.000 euros tal que si Millet fuera el geniecillo de la lámpara de Aladino que solo frotarla hacía acto de presencia para complacer a los afortunados

Aquello tan solo era el aperitivo. Acto seguido ha comparecido el señor Àngel Colom, quien ha repetido por enésima vez la interesante historia de cómo en el año 2000, entre un grupo de amigos de su extinto partido, salió el nombre de Millet a relucir como "mecenas cultural". Fue a verle, no le conocía, pero aquel a este sí. ¿Quién no conocía a Colom por su defensa de Cataluña? Y salió de allí con un cheque por importe de 15.000 euros tal que si Millet fuera el geniecillo de la lámpara de Aladino que solo frotarla hacía acto de presencia para complacer a los afortunados. Como aquellas señoras que tan solo ver aparecer a Colom en el entonces casino de Sant Pere de Ribes se le acercaban solícitas porque cada vez que le veían por allí les salía el rojo impar. La suerte le acompañaba por todas partes. Hasta su antigua correligionaria, Pilar Rahola, puso --como es ya costumbre-- la mano en el fuego por él, afirmando que "no se ha embolsado ni un duro". Sin embargo, ingresó el talón en su cuenta corriente. En el recibo que firmó --de tan solo tres líneas-- figuraba como receptora una fundación que ni siquiera existía, pero en cambio quien pagaba no era Millet sino el Orfeó Català. Él ni se fijó. El fiscal ha entrado en un estado catatónico. Y le ha recordado "las responsabilidades de no decir la verdad". Ha sido una ocurrencia muy bien acogida.

Según Camps, todo es mentira, desde las reuniones apuntadas en las agendas hasta los papeles en que se leía "autopista", su nombre y un pellizco de dinero

Como ocurre en la vida misma, lo mejor todavía estaba por llegar. Hemos pasado de la dialéctica de seminarista con voz aflautada, a la prosopopeya abigarrada del señor Jaume Camps, fundador de Convergència, a quien en algunos momentos parecía que la lengua le hacía perla mientras mostraba un extraño parecido con el caparazón de los galápagos de esas series de La 2. Se ha definido como "abogado de cabecera" del señor Millet, con quien ya anduvieron cabalgando juntos en los tiempos de Renta Catalana, que depositó al futuro presidente a la sombra por una temporada. En algunos pasajes, el señor Camps ha llegado a embriagarse con su propio discurso y se ha querido presentar como víctima; momento en que ha sido convenientemente reconducido por el Tribunal. Todo es mentira, desde las reuniones apuntadas en las agendas hasta los papeles en que se leía "autopista", su nombre y un pellizco de dinero. Hasta tres veces, como San Pedro negando a Jesucristo, ha repetido que nunca se ha llevado ni un solo euro que no le correspondiera por su actividad como abogado ora de Millet ora de Ferrovial. Ha sido la suya una declaración farragosa, a ratos pastosos, difíciles de masticar. Tras ella y ya en pleno receso, ha ido saludando a los letrados, a Millet y a Montull, a tutti quanti, como aquellos clientes que no se acaban de ir nunca del bar vacío que ya ha cerrado.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.

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