El misterioso caso del teléfono que un día sonó

Manuel Trallero
5 min

No era la de hoy una sesión que despertara mucho entusiasmo, así que he sido el único asistente al palco reservado para la prensa. El Ministerio Fiscal nos ha deparado una sesión de teneduría de cuentas de padre y muy señor mío con la colaboración inestimable de los contables. La principal conclusión a la que he llegado tras escucharles es que el régimen de Stalin, al lado de lo que acaecía en el Palau de la Música, era casi un juego de papás y mamás. Los testigos han pronunciado frases como "no se preguntaba nada", mientras enfatizaban la existencia de una cadena de mando castrense, de tal forma que "se nos daban órdenes", "no se nos informaba de nada"... La sexta planta, por ejemplo, estaba a millones de años luz de distancia, de la cuarta; eran compartimentos estancos, celdas de aislamiento. Nadie hablaba con nadie. El fiscal se ha quedado con el cuerpo más arreglado cuando se ha referido a la circulación de conserjes con mochilas cargadas con billetes por la Via Laietana.

Tengo mal dormir, así que he llegado insomne a la vista. Me fui a la cama dándole vueltas a la declaración del señor Llinares. Es lo que tenemos las personas mayores: cuando se nos mete una idea en la cabeza, nos revolvemos entre las sábanas. Porque, vamos a ver una cosa: Llinares declaró ayer que estando en una ocasión trabajando en el antiguo despacho de Montull sonó un teléfono en el interior de un cajón. Muy bien. En La Vanguardia digital podía leerse que "sonaba un teléfono móvil en un cajón del despacho que él no tenía localizado". Sin embargo, al otro lado estaba Felip Puig, preguntando por los recién descubiertos acuerdos con la Fundación Trias Fargas. Era el año 2010. Si era un móvil, era de Montull y no había vuelto al Palau desde julio de 2009, la batería debía estar ya en la otra vida.

Todas las auditorías y asesorías jurídicas, así como las medidas adoptadas para que conozcamos al dedillo lo que pagaba Ferrovial y se entregaba a la fundación de Convergència, no fueron capaces de saber, por lo visto, con cuántas líneas telefónicas contaba el Palau

En su edición impresa resulta que "Joan Llinares ocupó el despacho de Montull. Revisó los cajones pero estaban vacíos todos, menos uno donde había un aparato de teléfono. Pensó que alguien lo había sustituido por otro y lo dejo allí. Hasta que un día sonó". ¿En qué quedamos, estaba el teléfono localizado o no lo estaba? ¿Era móvil o era fijo? La misma persona que revolvió cielo y tierra en el Palau, mirando hasta el último rincón, abriendo todos los ordenadores, se encuentra un teléfono en un cajón y no le despierta la más mínima curiosidad ni percibe si está o no conectado. ¿O no lo conocía hasta el día en que sonó?

Pero aún hay más. En El Periódico se afirma que era una "línea directa que no pasaba por centralita". ¡Ah, caray! Todos los responsables de seguridad, de informática, todas las rigurosas medidas adoptadas para blindarlo, todo lo que sirvió para que conozcamos al dedillo lo que pagaba Ferrovial y se entregaba a la fundación de Convergència, todas las auditorías y asesorías jurídicas que ascendieron a un vulgar par de millones de euros no fueron capaces de saber, por lo visto, con cuántas líneas telefónicas contaba el Palau. Con menos, con bastante menos, Agatha Christie ya tendría un argumento para una de sus novelas.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.

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