Mariona Carulla o Nefertiti en el Palau de la Música

Manuel Trallero
4 min

El ambiente era el de las ocasiones señaladas. Formaba el equipo de gala. Los defensores titulares como Pina y Martell habían dejado a los suplentes en la caseta y vuelto a ceñirse la toga. El fiscal ha desmenuzado el registro del Palau con la ayuda del testimonio de dos de los mandos policiales que participaron en la operación. Todo ha tenido un aire déjà vu aunque se otea en el horizonte un duelo entre el abogado de la gente guapa y el fiscal con un aire de Robespierre. Están los dos taladrando al tribunal, y de paso a la concurrencia, con el volcado de los ordenadores y los archivos descargados aquel maléfico día. Suenan tambores de guerra y se masca el cuerpo a cuerpo. El mundo es demasiado pequeño para tanto ego junto. Lo del pendrive que trataba de esconder Gemma Montull durante el registro ha quedado como una minucia, casi tanto como los fajos de billetes en cajas fuertes.

Mariona Carulla asegura que "del funcionamiento interno" del Palau "sabía muy poca cosa", pese a que era la vicepresidenta en la época de Millet

La declaración de la señora Mariona Carulla, de los Carulla de los sopicaldos Gallina Blanca de toda la vida, era sin duda el principal atractivo de la jornada e incluso uno de los momentos estelares del juicio. El Ministerio Público ha sufrido un rapto de candidez cuando le ha preguntado: "¿Cómo es posible que nadie se diese cuenta?". He tenido que hacer un esfuerzo sobrehumano para no romper el decoro y proferir una sonora carcajada. La señora Carulla ha permanecido impasible en su majestad habitual. Ha remarcado que "del funcionamiento interno sabía muy poca cosa" y, claro está, el Palau "tenía una apariencia de éxito". Las cuentas no eran lo suyo, había tesorero, contador... Licenciada en económicas, miembro de consejos de administración, vicepresidenta... pero solo representativa. Entró en la junta en el año de gracia de 1990. Lleva casi 30 años en el Palau surfeando en su propia burbuja. Ella, eso sí, se informa bien antes de firmar nada. Por eso el letrado Martell la ha colocado ante una carta suya dirigida a Ferrovial a finales del año 2011, riéndole todas las gracias como patrocinadores. O con el señor Osàcar de la Fundació Trias Fargas para que les devuelvan el dinero. De Convergència ni una palabra.

Otros, en cambio, sí que se enteraron de lo que pasaba, aunque tuvieron que decirlo crípticamente. El malogrado Ernest Lluch publicó en La Vanguardia que "en el Palau de la Música Catalana parece uno olvidarse de la existencia del Orfeó. [...] Quienes llevan la institución no tienen como centro el Orfeó, sino obtener ayudas económicas, emprender obras u organizar conciertos no orfeonísticos". Ella tampoco sabía nada... del artículo de Lluch, ni de la respuesta airada de Millet. Me lo dijo cuando ya era presidenta en funciones, sentada en un sofá debajo de su propio retrato en la galería de presidentes del que ya se había descolgado el de Millet. Le faltó tiempo.

Con la señora Mariona Carulla, poca broma, hemos tocado hueso. Al entierro de su finado esposo, Jaume Tomàs, asistieron, entre otros, Jordi Pujol, Marta Ferrusola, David Madí, Artur Mas, Felip Puig, Xavier Trias, Miquel Roca i Junyent, Oriol Pujol, Narcís Serra, Antoni Castells, Enrique Lacalle... La claca habitual.

Artículos anteriores
¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.

¿Quiere hacer un comentario?