Ferrovial vuelve al lugar de los hechos y los muertos no hablan

Manuel Trallero
5 min

Jacarandosa sesión de la que se han borrado los plumillas de relumbrón, apta solo para jornaleros y gregarios del pelotón. Y para estómagos desayunados, porque se da la circunstancia de que el lugar en donde se ve la causa, la Ciudad de la Justicia, fue una de las obras que efectuó Ferrovial y en la que, presuntamente, se desviaron fondos a Convergència. Es como para salir en el libro Guinness de los récords o que le den otro Premio Nobel a la arquitectura catalana.

Han aparecido los señores Pedro Buenaventura y Juan Elizaga, ex directivos de la mencionada constructora, con cara de ser muy antiguos. Nos han taladrado y dado la tostada hasta la saciedad, como si fuera el estribillo de la canción del verano, el gran prestigio que representaba para su empresa asociarse con la marca del Palau de la Música, "como su nombre indica, un monumento a la vanidad ostentosa", según definición de los últimos veinte años del siglo pasado. Nos querían hacer creer que la repercusión social del concierto inaugural del señor Millet era algo así como el desfile de sombreros en las carreras de caballos de Ascot. Tienen, sin embargo, el eximente de proceder de la meseta.

Empresarios indican que para cobrar trabajos efectuados a Convergència tenían que entendérselas con el señor Montull, a través de la confección de facturas falsas

Estaban hechos unos auténticos brazos de gitano, rellenos de nata, cuando hablaban de su eximia labor de patronazgo llevada a cabo. Algo sin duda loable pero que a los curritos de a pie, los asistentes a los conciertos del Palau 100, no notaban para nada, o mejor dicho lo notaban mucho. Por ejemplo, tal como ya publiqué de jovencito, sin que nadie dijera ni pio, la Orquesta Sinfónica de Berlín actuó en Barcelona y en Madrid en 1997. El mismo concierto, el mismo director, con un aforo parecido, tenía solo una diferencia sustancial: la entrada en el Palau, patrocinado por Ferrovial, costaba entre un 116% y un 118% más que en Madrid, desde las más baratas a las más caras. Antiguos empleados me narraron como "en mayo y junio era la época en que se hacían los abonos del Palau 100; siempre antes del verano se llevaban todo el dinero de los abonos, con bolsas de El Corte Inglés". Pero, eso sí, Ferrovial estaba muy contento porque su logo aparecía gratuitamente en los anuncios del propio Palau, en prensa, radio y televisión. Lástima que los anuncios le salían por la patilla a Millet, porque esa era a su vez la contribución de los medios de comunicación --en especies-- como patrocinadores del Palau.

Tras el habitual receso, han aparecido empresarios que han indicado que para cobrar trabajos efectuados a Convergència tenían que entendérselas con el señor Montull, a través de la confección de facturas falsas, el mismo que se llevaba los rollos de papel higiénico del Palau. No recordaban quién les enviaba y, si lo recordaban, era siempre el fallecido señor Torrent, antiguo tesorero del partido. Su sustituto, el señor Osàcar, no sabía nada. Todo era tan cansinamente obvio que era digno de admiración poner tanto empeño porque, como escribió Hannah Arendt, "las mentiras políticas modernas se ocupan eficientemente de aquello que en absoluto es un secreto, de aquello que es conocido por casi todos".

En la calle ya hacía calor. Tenemos patio hasta el miércoles.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.

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