¿Hará Millet 'un Pinochet'?

Manuel Trallero
4 min

El revoltillo de togas zarandeadas, llevadas en bandolera o simplemente arrastradas por el suelo acababa de oscurecer más aún si cabe aquel ambiente de penumbra en que los abogados, los encausados y los plumillas esperaban, formando corrillos, saludándose los unos contra los otros. No había una nota de desaliño hasta que ha llegado la representación de la CUP a hacerse la fotito. Aquella amable reunión, más que la antesala de un juicio, parecía el cóctel de una boda.

Todo ello se ha esfumado en cuanto ha hecho acto de presencia Fèlix Millet, a bordo de una silla de ruedas, empujado por un propio, retorcido como un olivo, con su inefable chaqueta a cuadros, su cabeza romana y esa mirada de pillo. Ponía cara de estar "muy fotut" y "tener ganas de que se acabe esta tortura", tal como ha bombardeado preventivamente a la opinión pública, gracias a los medios de comunicación. Lo han depositado detrás de un biombo, a salvo de las miradas indiscretas. Montull se ha reunido con él tras la mampara mientras que la hija de éste mostraba unos ojos enrojecidos.

Durante las casi cuatro horas de la sesión me he preguntado en qué momento se produciría el milagro, en qué instante Millet se levantará y empezará a bailar

Hemos accedido a la sala de actos donde se celebra la vista. Una luminaria deslumbrante con butacas forradas de escay rojo, con las defensas a la izquierda, como un mogollón, muy juntos, con cara de estudiantes repasando la lección, y las acusaciones mucho más escuálidas a la derecha. El tribunal, al fondo, parapetado tras cientos de volúmenes del sumario y una montaña de cajas.

Los acusados, en las primeras filas, guardaban una jerarquía; en primera línea, esta es la primera clase, los mandamases del Palau: Millet, Montull y su hija. A medida que se iba ascendiendo, se iba hacia turista. Los señores abogados han soltado unos ladrillos de mucho cuidado; los micrófonos ora carraspeaban ora no se oía ni moco y así sucesivamente. En medio se escuchaba algún latinajo, había quien modulaba o levantaba la voz para que no nos durmiéramos. La señora presidenta ha estado en todo momento gentil; el fiscal Sánchez Ulled es bajito, y el abogado Martell se gusta cuando habla contorsionándose de gusto y rascándose la cabeza.

Durante las casi cuatro horas de la sesión me he preguntado en qué momento se produciría el milagro, en qué instante se levantará y empezará a bailar, es decir, cuándo hará como Pinochet, que se alzó de la silla de ruedas al descender del avión que lo llevó de vuelta a Chile desde Inglaterra. No en vano Millet me explicó que, cuando iba a los jesuitas, mientras los otros iban a misa y sufrían unas broncas tremendas si llegaban tarde, a él en cambio le decían: "Nada, nada, señor Millet, no hace falta que entre. Váyase a entrenar al campo de fútbol, si quiere". Y apostillaba diciendo: "La vida es eso". La vida siempre ha sido eso para Millet.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.

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tobermory 02/03/2017 - 19:05h
Lo de Millet, más que vida habrá sido vidaza. Así tiene esa desenvoltura que se le ve en la cara, lo lleven a bordo de una silla de ruedas monoplaza o en silleta de la reina. Millet, no som res, però fa de mal dir (no somos nada, pero cuesta admitirlo) que le diría el maestro Pla. Si, pero a los 81, que me quiten lo bailao, pensará Fèlix para sus adentros. Quedamos a la espera de más crónicas judiciales en CG. Un saludo.
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