Pillan a Convergència con el carrito de los helados

Manuel Trallero
5 min

A las once de la mañana se desvanecía, como pompa de jabón, aquel círculo virtuoso que desde el balcón del Palau de la Generalitat anunció Jordi Pujol a raíz de la querella de Banca Catalana. "En adelante, de ética y moral hablaremos nosotros", sentenció ante una multitud enfervorecida. Hoy, Millet, el mismo que leía la reedición de El Coyote en el lavabo, según me explicó, ha pronunciado la frase mágica, el abracadabra que da paso al mañana.  Quienes convirtieron al Palau en un lieu de mémoire por los Fets del Palau, que hicieron de Pujol el líder taumaturgo, los que lo imaginaron como el sancta sanctorum del nacionalismo, los mismos que se envolvían con la bandera, no tuvieron inconveniente alguno en utilizarlo para cobrar la mordida. No era aquel remoto 3% anunciado por Maragall en sede parlamentaria. Había un plus que se lo llevaban Millet y Montull, al 80% y 20%, respectivamente. Todavía hay clases entre los señores de las 400 familias de la élite catalana y los miembros del servicio.

Valía todo. Pagos en efectivo, pagos a proveedores del partido o a la propia Fundación Trias Fargas. No en balde Felip Puig me decía cuando le mostraba mi extrañeza por ello, con una sonrisa de oreja a oreja: "Sería extraño si Convergència fuera un partido político, ideológicamente à la page, que quiere decir demodé, pero tiene un proyecto político, un proyecto de país. Esta relación entre fundaciones privadas y formaciones políticas es bastante normal en el mundo anglosajón. Sé que a una visión carpetovetónica y borbónica puede sorprenderle esto".

Millet y Gemma Montull confirman que valía todo para financiar a CDC. Pagos en efectivo, pagos a proveedores del partido o a la propia Fundación Trias Fargas

Millet ha desgranado infinitas veces un rosario que se iniciaba pidiendo perdón porque se había equivocado y cometido un error. Una pieza exculpatoria que guarda gran semejanza con la del propio Pujol en julio de 2014. Amén de ello, solo se ha escapado del cuarto oscuro del olvido para explicarnos --para regocijo del fiscal-- que lo de las bodas de sus hijas fue un acto publicitario para promocionar al edificio modernista como sede para celebrar bodorrios como los suyos. Por lo demás, "no recordaba", "han pasado tantos años...", "podría ser, no lo sé...", "es la primera vez que lo veo...". Él era el presidente y no un par de piernas cualquiera que descendiera a las bajezas de las agendas, los papeles y las libretas de cuentas. ¡Qué se han creído!

Gemma Montull, un visón con patas en sus tiempos gloriosos del Palau, ha aparecido cariacontecida, a ratos vencida por la emoción, con cara de niña buena. Ha resultado aplicada, ha demostrado conocerse el sumario al dedillo y ha confirmado la financiación de Convergència. Ella, o bien no sabía nada porque todo lo decidían Millet o su padre, o bien callaba por ser Millet dios en el Palau y Montull su padre. Algunos de sus compañeros de trabajo recordaban que "cuando llegó Gemma, las cosas cambiaron bastante. Ella movía mucho dinero. Había meses que no había bastante dinero para pagar, y te decían: 'Es que he puesto un dinero a plazo fijo... es que he hecho unos traspasos', y claro, no había".

Esta noche, 8 al Dia dará cumplida información gracias al canal que Pujol le concedió a Millet y que este, en sociedad con Godó, puso en marcha. ¿De verdad que no les dará un poco de vergüenza? ¿Tan solo un poquito?

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.

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