La gente es buena o Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio

Manuel Trallero
5 min

Concluida la semana orgiástica que nos auguró Montull, las aguas han vuelto a su cauce describiendo plácidos meandros que han reducido la expectación a la mínima expresión. Los plumillas asistentes a la sala de vistas podían contarse con los dedos de una mano. Estas son las jornadas que crean afición y provocan callo. Las figuras de relumbrón, los expertos sobre el tema que salen en TV3, los hijos de su señor padre, los ganadores de premios literarios y los lectores de pregones de fiesta mayor causan baja por motivos obvios. Esperan las llegadas de las aguas turbulentas que permiten mayor lucimiento mientras otras causas judiciales nos descabalgan del candelabro de la actualidad.

Los currantes a pie de obra nos hemos tenido que contentar con descubrir que, en contra de lo que muchos creen, la gente en el fondo es buena. Solo así se explica que una empresa dedicada a transmitir propaganda electoral, que tenía más departamentos que una multinacional y que eran estancos cerrados a cal y canto, en que nadie sabía lo que pasaba en la mesa al lado, y en donde el jefe de almacén era el administrador, hiciera un donativo que ya recuperaría en las siguientes campañas, a petición de un comercial, trabajando a precio de coste. No era para los refugiados de la guerra de Siria o para las víctimas de la hambruna en el África subsahariana, ni para ninguna ONG. Era para Convergència.

Le ha llegado el turno al señor Bergós, a quien se podría aplicar aquella máxima de Kant, según la cual, el señor Bergós que ustedes están viendo no es el señor Bergós que ustedes están viendo sino el señor Bergós que ustedes creen estar viendo. Porque, tras su declaración y la de sus empleados, uno sacaba la conclusión de que estaba ante una simple gestoría de tres al cuarto, muy de medio pelo, que tenía una idea vagamente remota de lo que sucedía en el Palau, un cliente del montón.

Pese a ser uno de los mayores expertos en fundaciones, Bergós, secretario del Palau, asegura que no se enteró de ninguna de las innumerables irregularidades que se hicieron delante de sus narices

Él no era el abogado de Millet y, sin embargo, en ocasiones, desayunaban juntos en el domicilio del primero, según rezan las agendas de Montull, quien tronaba a los empleados de Bergós: "No quiero saber los problemas, quiero saber las soluciones". Por ejemplo, ante la visita de los inspectores, antiguos empleados narran cómo "lo teníamos todo mezclado: consorcio, fundación... montamos un despacho como si solo fuera de la fundación, así Hacienda no podía ver que lo teníamos todo mezclado". Se alteraron los estatutos para que Millet y Montull pudieran recibir sus bonus, se cobraba dos veces la devolución del IVA, se hacían convenios con la fundación de Àngel Colom a posteriori, se presentaban facturas falsas, etc. Todo ello sin que, claro está, el señor Bergós se enterase de nada.

¿Pero quién era el señor Bergós? Casi nadie. Estaba reconocido como uno de los mayores expertos en fundaciones, era precisamente secretario de la Coordinadora Catalana de Fundaciones. Entre su distinguida clientela figuraba la Fundació Joan Miró, la Fundació Tàpies, la Fundació Abadia de Montserrat, Tribuna Barcelona, la Orquesta Sinfónica del Vallès y el Concurso Internacional de Canto Francesc Viñas. Además de secretario de la Fundación del Palau, Bergós lo era también de la Fundació del Barça. Fue uno de los expertos consultados por la Consejería de Justicia sobre la Ley de Fundaciones aprobada en 2007. La Consejería de Cultura le encargó un informe sobre las buenas prácticas asociado al estatuto del artista.

Algunos no se explican, todavía, cómo pudo pasar. 

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.

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tobermory 16/03/2017 - 23:07h
Pues aquí tienes a un lector voraz y en ocasiones mordaz (a veces demasié porqué está en mi naturaleza) que ha disfrutado como un enano con todos tus artículos de la semanita orgiástica sin parangón. Esas fundaciones sin control efectivo por parte de los representantes de los paganinis de la pastuqui, que en última instancia somos todos los siudadanos (tó er mundo es güeno) son como los melones Bollo. Por fuera parecen iguales que los vulgares sin marca, pero cuando vas a probarlos por dentro resulta que los fundadores del cotarro ya se han comido todas las tajadas y no han dejado ni las cáscaras. Leyendo el artículo me he acordado de que una amiga indepe, en un momento de cariño letal, se ofreció a dar referencias mías para que me encargase de las cuentas -como economista colegiado aunque no ejerciente que fui- de una cuyo objeto social ya no recuerdo. Solo de pensarlo se me ponen los pelos de punta y el balance vital se me descuadra. Saludos.
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