La responsabilidad de los intelectuales

Ignacio Vidal-Folch
2 min

Cuando pienso en los errores que han conducido a la política catalana a esta situación tan desairada --fuera de la ley, conspirando para dar un golpe de Estado y en vísperas de la inhabilitación y quizá otras penas más graves para los sediciosos más conspicuos--, me llama la atención la injusticia del hecho de que vaya a quedar impune la casta intelectual y periodística que, a cambio de sinecuras más o menos sustanciales, se han puesto al servicio de la causa y jaleado cada paso en falso y cada tontería. A los sabios de la tribu no se les inhabilitará.

Es curioso el procedimiento de autorrecalentamiento del prusés: con una llamada telefónica, los sediciosos han colocado a sus portavoces en los periódicos y en las cátedras

Es curioso el procedimiento de autorrecalentamiento del prusés: con una llamada telefónica, los sediciosos han colocado a sus portavoces en los periódicos y en las cátedras. Luego, desde esas tribunas, éstos han pintado una realidad a su gusto y estimulado a sus jefes a seguir adelante, sin miedo, por el camino de perdición. Cuando el Astut tenía dudas, se reunía con ellos y éstos le decían: tira millas, no te achantes. Un circuito cerrado, un bucle, o un círculo vicioso. Son inolvidables, por demasiado bochornosos, determinados titulares o la imagen de los figurones en la plaza de Sant Jaume aplaudiendo servilmente al Astut a su regreso de Madrid.

Ahora, algunos de esos sabios empiezan a arrugar la nariz y a desmarcarse de las ilegalidades y las mentiras demasiado clamorosas pero inevitables para culminar el prusés y cumplir con las promesas hechas. Pronto veremos a esas mentes privilegiadas sirviendo a otros señores que quieran aceptarles en su cortejo, aunque ya con todo el prestigio intelectual perdido.

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario Papel y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.

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