El 'Domingo' de Oriol Vilanova

Ignacio Vidal-Folch
4 min

Parto de lo evidente: que no hay artista más frailuno y desmoralizador que Tàpies. ¿Tàpies? Es el mínimo común denominador, es exactamente lo que no debería ser.

Y de repente he encontrado al anti-Tàpies; he decidido que, le guste o no, el anti-Tàpies es Oriol Vilanova, que además ha tenido la audacia asombrosa de desplegar su radical anti-tapismo en la misma boca del lobo, en la Fundación Tàpies, en el monumento que el fraile aquel erigió a la permanencia-supervivencia de su triste estética y parva idea del arte, en el laboratorio, por decirlo así, donde se destila su letal veneno con los ingredientes de la cursilería, el miserabilismo, la compasión farisaica, los materiales horrendos "rescatados" del cubo de la basura y el trastero de la abuelita (tierra, calcetines agujereados, trapos, somieres, muebles rotos, etcétera).

Con la apoteósica exposición de Oriol Vilanova Domingo, considero venturosamente desinfectada la Fundación Tàpies

Es allí, precisamente en ese sepulcro filisteo blanqueado por la cal, donde, con las mismas armas de lo casual y lo desdeñado, lo tirado por el suelo, lo mínimo y común, los materiales humildes y sin valor económico intrínseco, Oriol Vilanova ha desplegado Domingo, su colorista, infinita, variada, minimalista, reiterativa colección de postales, respondiendo a lo informal y cuco y de buen gusto, con lo recto, riguroso y honesto; a la búsqueda morbosa de lo vulgar, con el hallazgo de lo evidente vulgar y su superación; a la ocurrencia, con el sistema; a lo pardo y ceniciento, con todos los colores exasperados del arco iris; a lo que exhibe su llaga y su grieta, con una alineación numerosísima que las oculta; a lo mate, arrugado y presuntamente infeccioso (vendas de enfermo purulentas, sacos de arpillera, ropa sucia, platos rotos, hierros oxidados), con tersura resplandeciente y aséptica: imágenes en sobreabundancia delirante cuya acumulación provoca mil asociaciones y exaltaciones, todo partiendo de la mirada relativamente insignificante y simple de la artesanía industrial de la tarjeta postal.

Con esta instalación de la colección de postales de Vilanova en las paredes de la fundación --prolongación apoteósica de su exposición, conceptual y nuclear, hace dos años, en la pequeña galería Green Parrot, donde las postales estaban alineadas en cajas y no podían verse-- considero venturosamente desinfectada la Fundación Tàpies. Ha querido una feliz casualidad (¿o ha sido una fuerza superior: un destino que ha decidido aclararnos las cosas de una vez por todas?) que Domingo se pueda visitar al mismo tiempo que, en el sótano, donde simbólicamente le corresponde, suspiran los bichos de la exposición Tàpies. Objectes, agonizantes de asma. Ve, mira y compara. No hace falta decir más.

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario Papel y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.

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