El disco mudo de Paolo Conte

Ignacio Vidal-Folch
5 min

Al cumplir los 80, Paolo Conte, el mejor trovador europeo vivo, y el único cuyo talento pueda compararse al de... al de Trenet, por ejemplo, acaba de publicar un nuevo disco, Amazing game, o sea, juego asombroso, o juego estupendo.

Aún no ha llegado a España, pero para mí ya es un acontecimiento, como lo es cualquier noticia sobre Conte desde que allá por tiempos antediluvianos, estando en la sala de fiestas de un paquebote, escuché a la orquestina interpretar (¡con cuánto encanto, con qué gracia teñida de suave melancolía paolocontiana!) Una giornata al mare...

Y a la noche siguiente volvieron a tocar Una giornata al mare. Y a la otra también. Y a la cuarta, como no la tocaban, se la pedí al cantante: “Toque, por favor, eso de la giornata al mare”. En cuanto pisé tierra firme, corrí a comprar todos sus discos.

Conte se ha retirado de su ciudad natal, Asti, donde ha vivido siempre y adonde regresaba de sus giras; ahora vive a diez kilómetros, en el campo, y pasa el día leyendo, reescribiendo viejas partituras, mirando películas y pintando. “Vivo como un solitario. Una mujer, los paseos con los perros y el recuerdo de los viejos amigos que ya no están. Los que he perdido por el camino. Ya que tengo que llevar vida de oso, ya me vale llevarla en el campo”.

Sorprendentemente, Amazing game es un disco instrumental pero, por lo que he oído, estas piezas sin palabras tienen un poder evocativo parecido al de las canciones fascinantes que Conte viene prodigando desde los años sesenta, Azzurro, Sparring partner, Boggie, Genova per noi, Parole d'amore scritte a macchina, etcétera, y de cuya composición habla en La Repubblica: "Para mí el primer acto es la música. Al principio hay una especie de inspiración abstracta. Un motivo lejano. Todo el proceso consiste en acercar esa entidad aún indefinida a las sensaciones que uno en ese momento siente. Luego viene el texto, que ha de contar una historia, que aunque sea corta debe ser al mismo tiempo completa y misteriosa".

Las letras de Conte a veces parecen resignarse a no ser terminadas, ya sea por una pereza metafísica o ya sea porque expresarse con precisión es tan difícil, tan trabajoso...

Ese carácter “misterioso” es, en efecto, la característica de sus maravillosas canciones. Sus letras a veces parecen resignarse a no ser terminadas, ya sea por una pereza metafísica o ya sea porque expresarse con precisión es tan difícil, tan trabajoso...

Dejadez de Conte. Grado máximo de la “actitud”. Grado máximo de una elegante dejadez cool.

“Siempre me ha costado mucho escribir. A veces las palabras parecen fluir menos, respecto al texto musical. Siento como si se rebajase la tensión acústica... Las palabras tienen que tener el ritmo justo y la secuencia justa, pero la lengua italiana no ayuda. Es poco rítmica. No es casual que a veces me venza la tentación de canturrear en un falso inglés. De tomarme cierta libertad. Por ejemplo haciendo enigmística. Usando palabras o expresiones con doble sentido capaces de restituir sensaciones antiguas, como enigma a resolver”.

Como ejemplo de esos enigmas, menciona una frase de su justamente célebre canción Sotto le stelle del jazz: "Le donne odiavano il jazz, non si capisce il motivo" (las mujeres odiaban el jazz, no se entiende el motivo): “Me parece evidente el doble sentido: ‘motivo’, entendido como causa pero también en el sentido de ‘motivo’ musical. Naturalmente no son enigmas como los del oráculo de Delfos, pero en mis canciones hay, adrede, un aire impreciso”.

La imprecisión a veces abarca más que la exactitud. Y la palabra callada puede ser la más elocuente.

Al amigo Agustí Fancelli, que era de estirpe italiana y tenía un sentido musical muy depurado, le encantaban las canciones de Conte. A mí me encantan también.

Me gustaría escuchar, y comentar con Agustí Amazing game: juego asombroso, sin palabras. De hecho, ya lo estamos haciendo.

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario Papel y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.

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tobermory 05/03/2017 - 15:52h
Amigo Ignacio, tanto confío en tu superior criterio artístico (aunque a veces ni me cosque) que si tú corres tras sus discos, volando voy yo por el ciberespacio a escuchar sus archivos metafísicos en Google Music. Ya canta Conte en nuestra orquestina del Titanic, en el saloncito de tercera cum laude y gran pantalla plana, antes del catacrock on the rocks que se avista en el horizonte de la mar salada. Ignoro el motivo, aunque lo intuyo, pero en el jurásico reciente yo me tiré pal Atlántico, a sus ritmos africanos, tan físicos, con las letras del maestro Fausto. Fausto Bordalo Días, no su tocayo Papetti. Mucho menos conocido, y que sin llegar a lo enigmático de Paolo tampoco son mancas, y sus musiquinhas de infancia africana que amén de muy portugas son universales. Seguro de que “A opera mágica do cantor maldito” también haría las delicias de la legión de melómanos enigmáticos y epigramáticos. Un cordial saludo.
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