Chris Carter no ha entendido nada

Laura Fernández repasa la evolución del creador de 'Expediente X' y sus problemas con las mujeres

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Chris Carter no ha entendido nada

Chris Carter creció en un lugar llamado Bellflower, California, y en algún momento de su adolescencia, se topó con una serie de televisión que le cambió la vida. Llevaba por título Kolchak: The Night Stalker. El protagonista era un periodista --ajajá, como él, por aquel entonces, año 1974, Carter estudiaba periodismo, de hecho, los de periodismo son los únicos estudios que terminó-- que trabajaba para una suerte de agencia llamada SIN (Servicio Independiente de Noticias) y se dedicaba, básicamente, a perseguir, y por qué no, también, entrevistar, a monstruos. La clase de serie cuyos capítulos tienen títulos tan sugerentes y a la vez tan sencillamente funcionales como El zombie y El Hombre Musgo.

La serie no superó su primera y fallida temporada, pero sirvió para que el chico de Bellflower, California, lanzase, casi dos décadas más tarde (en 1993) su propia serie de fenómenos paranormales. Exacto: Expediente X. Para hacerlo, Carter creó su propia productora --Ten Thirteen Productions: sí, Carter nació un trece de octubre--, y reunió a su propio equipo y empezó a trazar la serie que acabaría por convertirse en un clásico de: 1) Los 90; 2) La investigación paranormal y 3) La tensión sexual no resuelta entre parejas de agentes especiales. Y, por supuesto, en referente nerdie pop por excelencia, pese a los muchos y nada variados intentos del propio Carter de dinamitar su propia serie --cantera de auténticos genios, como Vince Gilligan, que después de firmar más de un capítulo de los protagonizados por Mulder y Scully fue capaz de construir un edificio del tamaño de Breaking Bad--, negándose a admitir que la teoría de la conspiración que pudo funcionarle durante la primera etapa de la serie --una primera etapa en la que todo era tanteo, y el villano era el Gobierno-- necesita de un lavado de cara desde hace al menos 160 episodios, e insistiendo en ella desde un rocambolesco y risible nuevo punto de vista en tres de los seis capítulos de los que constó la inesperada décima temporada.

Un inmovilismo que lastra la credibilidad

La sensación es la de que Chris Carter no ha entendido nada. Y no sólo porque su del todo inútil conservadurismo haya condenado a los llamados capítulos de trama al ridículo más absoluto, sino porque, en un momento en el que la series se autocontemplan y juegan a desmontar sus propios tópicos --algo en lo que Expediente X tiene experiencia: empezó a reírse de sí misma mucho antes de alcanzar la quinta temporada, en la que brillaba el capítulo que firmó Stephen King y que enviaba de vacaciones a Maine a Dana Scully, y lo hizo a carcajadas en el magistral Hollywood A.D., dirigido por el propio David Duchovny--, Carter opta por un inmovilismo que está a punto de costarle la credibilidad, en todos los sentidos.

Si el año pasado Gillian Anderson denunció que, una vez más, se le había ofrecido la mitad del sueldo que a su partenaire, David Duchovny, por el mismo trabajo --y recordemos que Anderson tardó tres temporadas, en la década de los 90, en cobrar lo mismo que el tipo que interpreta a nuestro querido Fox Mulder--, este año, se mostró indignadísima en Twitter poco después de que se anunciaran los guionistas que se encargarán de los diez nuevos episodios de la serie --que sí, tendrá una temporada número 11, cuyo estreno está previsto para 2018--. ¿Que por qué? Porque una vez más no hay una sola mujer entre ellos. De hecho, de los 208 episodios emitidos hasta la fecha sólo tres han sido escritos por mujeres: Sarah Charno se encargó de dos en la segunda temporada y la propia Anderson de uno en la séptima. Anderson no está pidiendo paridad, está pidiendo que Carter levanté la vista y descubra, de una vez por todas, que el mundo ha cambiado desde aquel lejano día en que se topó con Kolchak: The Night Stalker.

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