La tercera fase de la globalización

El profesor Baldwin describe en su libro que la telepresencia y telerobótica son las tecnologías disruptivas de esta fase

Globalización

A propósito de la presentación de su nuevo libro The Great Convergence: Information Technology and the New Globalization (La gran convergencia: la información tecnológica y la nueva globalización, publicada por Harvard University Press), Quartz ha entrevistado al profesor Richard Baldwin para preguntarle acerca de lo que él define como la tercera fase de la globalización, y sobre la que clama una mejor comprensión.

Baldwin, profesor en el Instituto Universitario de Ginebra y presidente del Centro de Investigación de Política Económica (CEPR) de Londres, afirma que lejos de haber acabado, la globalización está entrando en la tercera fase de su desarrollo y la tecnología acabará por llevar la globalización al sector de los servicios, qye será muy intensivo en mano de obra gracias a la tecnología que permitirá alternativas al "estar ahí". Esto será lo real realmente disruptivo y no los movimientos transfronterizos de trabajadores.

Esta es la conclusión a la que ha llegado tras 30 años de investigación en torno a la globalización y al comercio.

Las fases de la globalización

El profesor sostiene que la globalización se concreta en tres etapas distintas: la capacidad de mover bienes, las ideas y, finalmente, la gente. 

La historia de la globalización se inicia 200.000 años, con los cazadores-recolectores, y llega hasta la actualidad. Desde principios del siglo XIX, el coste de las dos primeras fases se ha reducido drásticamente, lo que ha contribuido a aumentar el comercio internacional, que es ahora una característica de la moderna economía mundial. Baldwin afirma que "Cuando no había comercio masivo, cada ciudad y cada pueblo tenía su propio carnicero, panadero, fabricante de velas". La no innovación provocó que, durante un milenio, los ingresos de la civilización humana se estancaran. El profesor sitúa en 1.820 el punto de inflexión pues es cuando se podían mover mercancías a largas distancias y comenzaron a aparecer grandes fábricas y clusters

La gran dificultad de ese momento era el desarrollo físico de esas ideas, lo que imposibilitó que pudieran establecerse más allá del norte. Esto provocó lo que denomina la Gran Divergencia en la que el conocido G-7 comenzó a marcar diferencias con el resto de países. La proporción G7 aumentó de alrededor de un quinto a dos tercios en 170 años.

Alrededor de 1990, había un gran desequilibrio entre el know-how por trabajador en los países ricos con respectos a los países pobres. La revolución de la información y la comunicación permitió que las empresas pudieran reaccionar y exportar el conocimiento más allá de las fronteras. Esto fue el desencadenante que permitió transformar a los países ricos, donde se llegó a la desindustrialización, y permitió a los países en desarrollo vivir un rápido crecimiento, con una rápida industrialización y a 650 millones de personas salir de la pobreza.

El colapso de la globalización

La línea estándar de los políticos en los últimos tiempos es que todo el mundo gana con la globalización. Pero la obvia repercusión en los trabajadores poco cualificados que perdieron sus puestos de trabajo por la mano de obra barata proveniente del extranjero, ha obligado a un cambio en el tono.

La rapidez con la que se dio el crecimiento, y el individualismo de la globalización, han provocado que una parte de la población se encuentre ansiosa, frustrada y con miedo. Esto explica mucho acerca del auge y triunfo de Donald Trump y del voto Brexit pues son capaces de acceder a una gran cantidad de estas preocupaciones.

La gente quiere culpar al comercio y la inmigración, y los políticos quieren abordar estas preocupaciones pero ¿están las personas dirigiendo su ira contra culpables erróneos? Y si es así, ¿qué hacer con el camino tomado por algunos políticos que están luchando para retroceder los acuerdos comerciales e intentando frenar la inmigración?

No debemos tratar de proteger el empleo; debemos proteger a los trabajadores. Luchar contra la innovación es una pérdida de tiempo pues esos puestos de trabajo van a acabar siendo sustituidos, bien por robots, bien porque si se ven obligados a permanecer en los EE.UU, su negocio va a desplazarse a otros competidores en Japón o Alemania.

Así que lo primero que tienen que hacer estos trabajadores pocos cualificados es aceptar que eso va ocurrir y prepararse para ello. 

La tecnología del transporte como factor clave de la tercera fase

Baldwin afirma que la tercera y más perturbadora fase está aún por venir: la tecnología traerá la globalización para el sector de servicios centrada en las personas, dando un gran vuelco a los puestos de trabajo en los países ricos, que va a ser mayor a la producida por el descenso causado en la fabricación en las últimas décadas. Como ejemplo, en el Reino Unido, el sector de servicios representa casi el 80% de la economía; menos del 10% de los empleos en Estados Unidos se encuentran en la fabricación. La interrupción no vendrá porque la gente se mueva más libremente a través de las fronteras, sino porque las tecnologías proporcionará un sustituto para "estar allí”.

En esto, dos tecnologías que son claves: la telepresencia y telerobótica. Ya existen pero aún son caras. Por ejemplo, un médico podrá operar desde un despacho mientras manipula el robot que se halla a muchos kilómetros de distancia, y con el paciente en la mesa de operaciones. Esto va a permitir que se creen grandes oportunidades en muchos de los países que se habían quedado atrás en las dos primeras fases de la globalización como, por ejemplo, casi la totalidad de la África subsahariana y América del Sur.

El profesor Baldwin afirma que debe buscarse la inspiración en los países del norte de Europa que cuentan, entre otros, con el reciclaje integral, la ayuda para vivienda y apoyos para la reubicación de trabajadores. Por lo general tienen los sindicatos, gobiernos y empresas que trabajan conjuntamente para tratar de mantener la cohesión social. No siempre funciona, pero al menos lo intentan y la mayoría de la gente siente que el gobierno les está ayudando.

Para concluir señala que tenemos que cambiar el sistema educativo hacia un modelo de hiper-especialización y más continuo en el tiempo. Los puestos de trabajo que seguirán aquí, requerirán habilidades cara a cara y esto es lo que consiguen las redes de interacciones humanas. 

Bienvenidos a la tercera fase.

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