La realidad virtual ayuda a evaluar eficazmente el TDAH

La prueba permite obtener información más pormenorizada que los métodos convencionales, según ha informado la Universidad de Oviedo

Niños de espaldas sentados atienden en clase / EFE

Niños de espaldas sentados atienden en clase / EFE

El grupo de investigación ADIR de la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo, ha demostrado la eficacia de la prueba Aula Nesplora de diagnóstico del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) basada en la realidad virtual. Este estudio ha sido realizado con niños y jóvenes, de entre 6 y 16 años, bajo la dirección del profesor Celestino Rodríguez y sus conclusiones han sido publicadas en la revista Journal of Attention Disorders. En este estudio han participado un total de 117 niños y adolescentes de entre 6 y 16 años, 89 de ellos con TDAH (28 con presentación predominantemente inatenta, 27 con presentación predominantemente impulsiva e hiperactiva y 32 con presentación combinada) y 28 sin TDAH.

Hace unos años, en el 2011, se empezaron ya algunas pruebas basadas en realidad virtual como el ejemplo de la Universidad de Navarra que pueden ver:

El TDAH es un trastorno frecuente en la infancia y uno de los que más condicionan el rendimiento escolar, con unas tasas de prevalencia del 5 al 7% de la población en edad escolar, de ahí que resulte necesario que los profesionales dispongan de instrumentos fiables y válidos para su diagnóstico. El trastorno se caracteriza por presentar un patrón persistente de conductas de inatención, exceso de actividad (o hiperactividad) y dificultades para controlar los impulsos.

La prueba permite obtener información más pormenorizada que los métodos convencionales, según ha informado la Universidad de Oviedo. Las pruebas habitualmente utilizadas para el diagnóstico consisten en una serie de tareas con los niños en un despacho, bajo condiciones contextuales controladas. Para ello, es necesario el uso de unas gafas de Realidad Virtual dotadas de sensores de movimiento y auriculares. De este modo, el evaluado se sitúa en la perspectiva de un estudiante, sentado en uno de los pupitres, mirando hacia la pizarra. Los movimientos de la cabeza son detectados por sensores situados en las gafas, de tal forma que el software actualiza el ángulo de visión, dando así al sujeto la sensación de encontrarse en un aula real con todos los elementos que pueden provocar distracción.

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