Groupalia, cuando el humo nunca es un gran negocio

El estandarte de las empresas de cupones se aboca al concurso de acreedores tras los impagos

Pagina web de Groupalia

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Los tiempos para Groupalia son duros. A la huelga indefinida de los últimos trabajadores de la compañía se han sumado en los últimos días las denuncias de diversos proveedores que no cobran sus cupones. Todo se ha precipitado en los últimos meses. La compra por Ofertix en febrero de 2016 de Groupalia y Offerum, tras su fusión un año antes, por una cantidad cercana a los 9 millones, según el diario Expansión, parece difuminarse como el humo en el aire.

El sector denominado "groupones" siempre ha tenido una tendencia al humo más allá de cifras razonables. Una práctica de confusión en las cifras, los comunicados y la información que hemos comentado tristemente como habitual en empresas tecnológicas de moda como Glovo o Chicfy, pero que tiene uno de sus primeros orígenes en esta compañía nacida de la mano de los creadores de Privalia en 2010.

Cifras, fantasías y humo en los orígenes

Los últimos datos públicos de Groupalia en el Registro, son de 2015. Allí se indica una facturación de unos 22 millones de euros, con unas pérdidas para el período de más de 800.000 euros. Unas cifras mejores que las del año anterior con unas ventas de 17 millones de euros, pero una perdida superior, con más de 1 millón de euros. Estos datos contrastan con las informaciones ofrecidas por sus creadores al poco de lanzarse la empresa.

Groupalia nació efectivamente en el 2010. En pocos meses sus gestores alardeaban de una facturación para el 2011 de más de 100 millones de euros. Unos meses más tarde rectificaban y la elevaban a 110 millones de euros. En agosto del mismo año la previsión ya era de 120 millones de euros para el 2011. Es más, unos meses más tarde elevaban esa cantidad a 13 millones al mes, es decir 156 millones al año.

Todo cifras muy dudosas cuando cerraron el 2010 con apenas 1,9 millones de euros. Pensar en multiplicar por cien o casi ciento veinte veces su cifra real del año anterior, no parece un ejercicio empresarial muy realista. Curiosamente tras esos humos, en el año 2012, hablaban ya de salir a bolsa. Pero ahora ya no daban cifras. Desde ese momento, sólo eran válidos porcentajes de crecimiento. Como era de esperar no se plasmó ese escenario en bolsa.

Enisa, siempre el dinero público detrás

Ciertamente había inversores privados en la compañía. Pero como comienza a ser habitual, buena parte de la inversión y el riesgo se hizo con dinero público. En este caso, como en la mayoría de empresas del sector en España, Enisa arriesgaba en una iniciativa que no parece haber dado sus frutos. Concretamente, 1 millón de euros en el 2011, para una empresa que la propia Enisa reconocía facturaba sólo el doble.

Caso exito Enisa de Groupalia

Estas inversiones de dinero público en un conjunto muy concreto de empresas con una viabilidad escasa, deberían hacer reflexionar a las autoridades. Según nuestros datos, algunas incubadoras tienen como objetivo principal de sus actividades el captar dinero público que es exprimido como primer paso, más hacia un plan de venta que con destino a un plan de crecimiento. 

En España podemos contar con los dedos de la mano, y sobrarían, las empresas tecnológicas que han alcanzando la bolsa o la rentabilidad propia. Un porcentaje muy inferior obviamente a cualquier otro país. El fin del dinero público está más centrado en inflar la burbuja y los bolsillos de algunos emprendedores que en alcanzar la rentabilidad que uno espera del dinero público de todos los españoles.

Cuando el dinero se agota, y los supuestos emprendedores abandonan el barco, como es el caso de Groupalia, debe ser el momento en que la propia Enisa, como Entidad Pública, debería examinar en qué se han gastado esas aportaciones. También debe comprobar qué emprendedores han ido sumando, solicitud a solicitud, unos cuantos millones de euros con proyectos con números cuantos menos extraños. Como en otras ocasiones, en caso de llegar al Concurso de Acreedores, el Juzgado simplemente certificará la muerte de la empresa. Un millón de euros públicos tirados por el sumidero. 

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