Inmortalidad y sexo con robots

Dentro de poco tendremos que elegir con qué especie hacemos el amor

Dos robots sobre una cama

Dos robots sobre una cama

Una de las cosas que son seguras a día de hoy es que igual que vamos a vivir, con más o menos dignidad, también nos vamos a morir. Mientras tanto comienzan a vislumbrarse diferentes escenarios de cómo nos tendremos que estructurar mentalmente en el futuro.

Una de las tendencias más relevantes será la creencia de un mundo sin trabajo y la repercusión del Internet de las Cosas en las diferentes industrias. Esta nueva modificación del paradigma social nos llevará, casi por decisión de nuestros políticos y gobernantes, a pasar nuestras vidas con una reducción de la carga laboral y con una mejora de la vida social y contemplativa.

Dentro de estas perspectivas de futuro aparece el concepto de singularidad. Hablando en términos coloquiales, alcanzaremos la singularidad justo en el momento en que el hombre y la máquina inviertan en términos de inteligencia su lugar en la tierra.

La muerte de la muerte.

En este sentido, tenemos la opinión de José Luís Cordeiro, transhumanista venezolano que comienza muchas de sus numerosas conferencias a nivel mundial con un rotundo ‘Yo no me voy a morir’

 

​Dentro de los retos de la ciencia y el pensamiento transhumanista, tenemos ciertas dudas sobre la transición de los modelos de vida e interacción. Los pensadores que ven el futuro en una fusión entre hombre y máquina, todavía no han revelado cómo será el acople entre especies pero, aun así, muchos se atreven a valorar la experiencia futura como algo dulce y apasionante.

La transición que realmente preocupa es aquella que relaciona las emociones y las necesidades básicas con aquellos elementos en los que las máquinas interaccionarán o se integrarán con los humanos. Sí, hablamos sobre todo de sexo. El sexo como necesidad primitiva también será sustituido por máquinas casi tan perfectas como el ser humano.

Puede que esta idea sea descabellada, pero puestos a elegir y opinar, a día de hoy, un estudio de la Universidad de Middlesex sugiere que 1 de cada 5 personas podría pensar en elegir tener sexo con un robot, con lo que la masa crítica de uso comienza a tener forma y visos de realidad.

La fecha para normalizar sexo con robots será el 2025.

Las relaciones sexuales habituales entre el ser humano y los robots serán habituales en el año 2025. A día de hoy, la propia tecnología nos da respuestas interesantes, para algunos claro, pero que suenan de forma absolutamente realista.

A pesar de que los robots, a día de hoy, no huelen, ni sienten, ni expresan sus sensaciones y sentimientos como los humanos, tenemos auténticas maravillas de la estética.

Webs como www.playdolls.es o www.realdoll.com ofrecen muñecas compuestas por silicona pero que presentan una estética absolutamente deslumbrante y muy cerca de la apariencia humana. A pesar de que los sentimientos no se pueden transferir con este tipo de dispositivos, sí se puede apreciar que el nivel de personalización es extremo. Se puede elegir, a gusto del consumidor, el tipo de peinado, desde rubias, morenas o pelirrojas, hasta la vestimenta o incluso el nivel de body piercing que le exigimos a nuestra futura pareja, en el caso de que el elector sea del género masculino, claro.

A pesar de todos los avances, la realidad es que dispositivos de inteligencia artificial, como Siri, o Amazon Echo e incluso Cortana, son capaces de mantener una conversación, al menos ingeniosa, elemento que a día de hoy se diferencia con este tipo de muñecos animados. No obstante, no parece raro que, en cuanto la tecnología se integre con el aprendizaje robotizado, la unión de hecho entre hombre y máquina en cuestión emocional comenzará a ser una opción por encima, incluso, de la unión con una pareja de la misma especie.

Muñeca de silicona modelo Nicolette /PlayDolls.es

Aunque se tiene la creencia de que el sexo entre diferentes especies ha sido prácticamente una práctica reservada a hombres, y de que Japón ha sido siempre pionero en este tipo de relaciones (incluso hay un hotel ya gobernado únicamente por máquinas), cada vez se está extendiendo más la fabricación de máquinas sexuales masculinas dirigidas a un público demandante de sexo con hombres.

La idea, a día de hoy, parece descabellada pero ¿quién no querrá hacer el amor con un robot si ya será uno de ellos?

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