Asistimos a una nueva edición -la XXXVII- de la FITUR, Feria Internacional del Turismo, en un año, 2017, considerado el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo.

Sostenibilidad como capacidad de permanecer y que, como clave, requiere transversal responsabilidad que efectivamente integre todos los ámbitos del desarrollo: ambiental, social, cultural y económico. Lo contrario a eso sería “pan para hoy, hambre para mañana” o lo que tradicionalmente se ha definido en nuestros pueblos como efímeras estrategias que buscando la inmediatez de resultados han hallado perecedera rentabilidad.

Turismo, Sostenibilidad y Desarrollo, conceptos tan cercanos “inter se” como alejados de la que ha sido, y sigue siendo, tan generalizada como errónea estrategia, que suele marcar las públicas gestiones siempre más atentas a parecer que a hacer, a justificar que a cimentar.

Turismo, que no es panacea ni mágica solución para problemas de un mundo rural que veinticinco años atrás pretendía hallar en el entonces innovador turismo, la “purga de Benito” con que curar tan grave enfermedad como es la despoblación que irremisiblemente le llevaba y le lleva a la depresión. Turismo rural que entonces se pretendió estrella de tantas iniciativas apoyadas por el Leader-Liaison Entre Actions de Développement de l'Économique Rurale-pionero, el programa comunitario de desarrollo rural, cuyo éxito se preveía en una cohesión social sin la que el desarrollo sostenible es imposible. Precisamente fue y sigue siendo la inmediatez en la búsqueda de resultados, la que ha venido impidiendo esta sostenibilidad en programas más preocupados en ceñirse a calendarios y justificaciones de cuantitativos índices que de cualitativos logros.

Dentro de las diferentes acciones a promover, a principios de la década de los noventa el turismo se perfiló como objetivo preferente por la innovación que suponía su promoción en un ámbito tan desconocido como es el rural. Hasta discotecas con el calificativo rural pretendieron venderse como iniciativas estrella de nada innovadores programas LEADER, pese a los subterfugios que justificaban la innovación en tan “exóticas” inversiones.

Veinticinco años después, Ban-ki-moon, secretario general de la ONU, en su mensaje en el Día Mundial del Turismo de 2015, afirmó: “Las posibilidades del turismo de incidir en el desarrollo sostenible son considerables. Por ser uno de los principales sectores de generación de empleo en el mundo, el turismo ofrece importantes oportunidades de subsistencia, con lo que contribuye a aliviar la pobreza e impulsar el desarrollo inclusivo". A tal efecto, han declarado al actual como el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo.

Turismo que a nivel estatal ha logrado sus más altas cotas pasando de los 65.000.000 de turistas recibidos en 2015 a los 75.300.000 en 2016 consolidándose Cataluña, Baleares y Canarias como destinos preferentes. Un sector que, de nuevo, tendrá su espacio en la Fitur, su Feria. También, cómo negarlo, tantas veces feria de las vanidades y, por lo tanto, opuesta a una sostenibilidad que se sacrifica en aras de un éxito tan efímero como el que de un sinfín de productos turísticos creados “ad hoc”, sin más afán que su brillo aparente.

Una dos y tres, lo que Vd, invente ¿para Fitur es?