Outlet rural

Comienzo con aclaración para quienes  bien saben de mi guerra abierta contra esos barbarismos -crowdfunding, follower, homework y demás family- que tanto y tan estúpidamente hacen peligrar nuestro rico idioma español: sí, me siguen chirriando y no, no me he vendido a términos que ni siquiera lo fueron del idioma de Shakespeare y hoy me permito usar sólo a modo de irónica licencia.

Outlet, que hoy dícese del comercio “donde se venden productos de una o más marcas que están fuera de temporada o tienen alguna tara, por lo que son más baratos”

Outlet en el que irremisiblemente estamos convirtiendo un mundo rural que veinticinco años después y a pesar de aquel Mr Marshall” que se llamó LEADER I, un programa Comunitario que buscaba la relación entre actividades económicas para el desarrollo rural. Leader I que con 54 programas aprobados en España pretendía su desarrollo a través de la participación de la adecuada y óptima utilización de recursos -eso que hoy llamamos sostenibilidad- y, por supuesto, de la diversificación y, a la vez, integración.

Veinticinco años después de esa Encuentro “Para que Leader sea un éxito” que en Bruselas congregó a quienes así estábamos dispuestos a trabajar, la situación de nuestro mundo rural es #másdelomismo. El paisanaje de ese paisaje rural que -especialmente en zonas de interior- sigue siendo especie en extinción para la que no parece haber solución por muchas y muy ampulosas medidas políticas como esas Plataformas en defensa del mundo rural, Comités de planificación de la inversión territorial integrada o mediáticas- ahí programas como “Volando voy”  que tanta polémica provocaron- por que se sigue sin ir a la raíz buscándose rentabilidades económicas donde sólo se ha de trabajar por lograr las sociales en las que todo desarrollo sostenible se cimenta.

Dignificar el  mundo rural es afán de colectivos que, a diferencia de entidades creadas de modo exógeno, viven y se esfuerzan por y en el mismo agro anteponiendo rentabilidades culturales, naturales, sociales a esa economía que exige  tan positiva como imposible cuenta de resultados financiera.

Cuenta financiera de resultados que buscando cantidades sacrifica calidades en la vida de un mundo rural que, por ejemplo, está perdiendo servicios de proximidad que van más allá de un comercio o un bar. Por ejemplo, igualmente cajeros automáticos, otra piedra de supervivencia abocada a desaparecer en pueblos de interior cuyos ayuntamientos no quieren ser chantajeados por entidades bancarias que hoy exigen sean éstos los que asuman el coste del local, luz, mantenimiento, etc.

Preciso, indispensable, integrar todos los recursos- especialmente los humanos contando con ellos- si lo  que se pretende es mantener mejorando esa vida rural.

No podemos dar todo por  perdido. Sergio del Molino, autor de “La España Vacía”, cree que más allá de comisiones políticas creadas para evaluar, importante es que “se ha encendido una mecha de debate cultural y social”. Que perdure en el tiempo y sirva para algo más que para justificar salarios y dietas de urbanitas expertos, es harina de otro costal que hemos de tener atado para impedir más outlet rural.

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