Mi mujer es una tormenta de datos

Últimamente mi mujer me pregunta cosas como: “¿por qué Facebook quiere ser un banco?” o “¿por qué Microsoft ha comprado Linkedin cuando vende procesadores de textos?” o “¿por qué Amazon hace series de televisión y cine si es una tienda on-line?” “¿Qué está pasando?

Mi respuesta es sencilla: ella tiene varios dispositivos móviles que le permiten hacer todo lo que quiere en cualquier momento y lugar. Así que todas las empresas quieren estar en su móvil. Y cuando digo todas, es todas.

Y es lógico porque lo primero y último que hace mi mujer durante el día es revisar varias aplicaciones. Pero, además, puede pedir que le traigan el desayuno (aunque sé que preferiría que se lo llevara yo a la cama), escuchar música, hablar con su socia, pedir un taxi, asistir a reuniones por video-conferencia, ver películas en sus viajes o leer las noticias del día. Y todo a precio competitivo o más barato que si lo hiciera sin sus dispositivos móviles.

La consecuencia de esta cyber-dependencia es que ella ya no es una persona. Tampoco es una consumidora. Y tampoco es una usuaria. Ahora, mi mujer y sus dispositivos móviles son una tormenta; pero en vez de llover agua, ellos llueven datos. Son lo que yo llamo una “data storm”.

Imagínese un mundo lleno de borrascas que se movieran libremente lloviendo cuando ellas quisieran. Calle! Este mundo ya existe y es el nuestro (mientras no avance el cambio climático). ¿Y qué hacemos en nuestro mundo con el agua de las borrascas? Tenemos conducciones y depósitos para almacenarla. En el mundo tecnológico, esto ya existe y son las infraestructuras de redes conectadas a data centers las que recopilan los datos “que llovemos”.

Y en nuestro mundo, ¿qué hacemos con toda esa agua? Venderla. ¿Y en el mundo tecnológico? También se vende. Facebook y Google venden los datos de mi mujer a cambio de publicidad. Amazon los vende a cambio de productos. Y Uber los vende a cambio de transporte.

Y en nuestro mundo, ¿qué otro negocio se genera alrededor de las tormentas? Pues además de vender productos para protegerse de la lluvia, otro gran negocio es la predicción meteorológica. Los servicios meteorológicos utilizan potentes ordenadores para, a partir de muchos datos, predecir dónde y cuándo va a llover.

Pues bien, en el mundo tecnológico, la inteligencia artificial y el big-data ayudan a la predicción; y por lo tanto, pueden predecir cuando mi mujer se moverá, qué querrá para comer o qué le gustará mañana a las seis de la tarde. Y en consecuencia, pueden proponer o sugerir productos y servicios. Y precisamente la semana pasada supimos que la sección digital de moda de H&M, ha ideado una aplicación para teléfonos móviles que es capaz de crear un 'Data Dress’, un vestido adaptado al usuario según la información que Google recopila de la persona.

Y esto es sólo el principio. Vamos a ir viendo cómo empresas no tecnológicas van a usar inteligencia artificial, big data e internet of things para sugerirnos, o mejor dicho publicitarnos, productos y servicios personalizados en cualquier momento y en cualquier lugar. Bienvenidos a la publicidad sin fin. Bienvenidos a la “tormenta perfecta”.

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