La renta básica universal no es suficiente

El colmo de la estupidez es aprender lo que luego hay que olvidar. - Erasmo de Rotterdam 

Es indudable que la renta básica universal será una realidad más temprano que tarde. Comunidades Autónomas como la catalana, como ya publicamos en Ecoonomia, pondrán para las rentas más bajas medidas de esta índole a partir del próximo mes de septiembre. Finlandia ha sido el país precursor en esta iniciativa. De momento, han decidido hacer una prueba con el objetivo de comprobar si esta ayuda desincentiva o no la reintegración laboral. Así, desde el 1 de enero de este año y con una duración máxima de dos años, 2.000 desempleados finlandeses reciben ya una ayuda mensual de 560 euros (libres de impuestos). 

La renta básica es una medida que debe garantizar que las rentas bajas y, sobre todo, aquellos que sufren la exclusión social, tengan dinero para cubrir las necesidades más básicas. Así debe ser. Cabe recordar que, según el Eurostat, unos 120 millones de europeos, cerca del 25 por ciento, viven en situación de riesgo de pobreza y exclusión social. Y sí, como todo, y porque nuestra democracia no es lo que debería ser, debe ser controlado para evitar que los "Lazarillos" que inundan nuestra sociedad quiten valor a la medida y la pongan en riesgo.

La renta básica no debe ser el fin y sí el medio para una vida mejor. En palabras de Elon Musk, las personas, de este modo, dispondrán de más tiempo para hacer otras cosas, más complejas y más interesantes. Y aquí está la clave.

Ayudar es necesario. No es una cuestión de solidaridad ni de oportunidades. Es una cuestión de derechos fundamentales. La solidaridad y la creación de oportunidades es la inversión que debe acompañar la renta básica universal y que no es otra que la educación. El plan del Gobierno, del que sea, del color y naturaleza que sea, debe incluir un ambicioso apartado destinado a invertir en formación para dotar a las personas que reciban dicha renta básica de los conocimientos y aptitudes para lograr empleo en la llamada cuarta revolución industrial y que, entonces sí, tengan la oportunidad de alcanzar aquello que anhelen. Pero no puede hacerse desde la necesidad, eso debe estar cubierto. 

En este sentido se expresaba Jamie Dimon, CEO de JP Morgan, en su última carta a sus accionistas. Según Dimon, ni las universidades ni las escuelas de negocios proveen a los estudiantes de la educación que necesitan. Señala que menos del 60% de los que acuden al colegio se gradúan y los que abandonan los estudios no están preparados para trabajar. Afirma que es necesario que las empresas se impliquen en los programas educativos y en la formación de los profesores para que éstos puedan dotar a los estudiantes, la futura fuerza laboral, de las habilidades necesarias para que su carrera profesional pueda ser un éxito. Y estas habilidades también pueden utilizarse para re-educar a aquellos trabajadores que se han quedado rezagados o que sufren la temporalidad en sus ocupaciones. 

En junio, Trump ordenó doblar el gasto destinado a programas de recolocación y aprendizaje con el fin de conseguir no sólo emplear sino que el trabajo que se consiga sea de calidad tanto en la ocupación como en el salario. No se trata de pescar, sino de enseñar a hacerlo. No se trata de temer la automatización y la tecnología, sino de aprovecharla para centrarnos en la creación de valor.

¿Cómo podemos mejorar sin educación y sin formación?

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación y mostrarle publicidad y contenidos de su interés. Al continuar navegando, consideramos que acepta su uso. Más información