España no es país para competir

"La competencia no es sólo la base de la protección del consumidor, sino que es además el incentivo para el progreso" - Herbert Hoover

Vaya por delante: la falsa moral de Cabify con sus conductores apesta. Los episodios vergonzosos que hemos vivido estos días pasados hace tiempo que ocurren y la empresa no ha hecho nada al respecto. Hoy reclaman una seguridad jurídica que no proporcionan a quienes trabajan para ellos.

Defiendo la competencia y aplaudo las iniciativas que presentan una manera diferente de hacer las cosas pero no a cualquier precio. La inseguridad a la que Cabify somete a sus conductores debiera ser objeto de demanda. Mejor harían en aprender más de Stuart y en no reclamar tanta justicia y suspensión. O eso o que cierren, pues para continuar igual mejor parar antes de que ocurra algo que no se pueda arreglar.

En cuanto al taxi, el inmovilismo del sector, desafortunadamente, está en línea con otros sectores como los estibadores o la banca. El lema común es: todo lo que vaya en contra del lobby debe ser silenciado. Nada de aperturas. Nada de cambios. Y así nos va.

El sistema del taxi (como ya comentamos desde Ecoonomia.com en otro artículo) es injusto y que nadie se lo haya planteado hasta ahora es preocupante. Que hoy el portavoz de Élite Taxi reconozca que el sector está hiperregulado, que las administraciones les están asfixiando y que el sector debe modernizarse es de órdago. Espero que la innovación vaya más allá de aplicaciones que nadie utiliza. El sistema de licencias es abusivo y el de tarifaje al cliente está desfasado. Reconozco que, siendo usuario de ambos medios de transporte, prefiero ir con Cabify desde Sants a casa o hasta el  aeropuerto pues el ahorro es considerable, que hacerlo en taxi. Precio cerrado y punto. Sin preocupaciones acerca del tráfico o de si me encontraré con todos los semáforos en rojo casualmente. Es más, a precio convenido me da igual. Ojo, el precio cerrado funciona en muchos taxis de otras zonas de España.

Desafortunadamente, el episodio de los taxistas se ha extendido también a otros sectores. Los estibadores la han liado de tal manera que hasta el partido que se hace llamar de centro, liberal y amante de la competencia, cambió su parecer en menos de 24 horas para demostrar que su rumbo es tan firme como la veleta que no puede definir el norte porque el viento se lo impide. 

Da igual que nuestra normativa sea contraria, una vez más, a la europea en materia de competencias, da igual que de ello se derive una multa a pagar por todos de 23 millones de euros, da igual que, de hacer lo que Europa dice, suponga un crecimiento añadido del 0,22 % del PIB y 18.000 empleos nuevos. Lo importante es mantener las castas y cerrar la puerta a la competencia.

La banca también se cierra al cambio. Propone una nueva prórroga para la implementación de la norma que les impondrá el fin del todo vale y les obligará a prestar servicios sin sangrar a los clientes e informándoles adecuadamente de lo que tienen en tiempo y forma y con todo lujo de detalles. Esta norma es la MiFID II, y el gran pánico es que acaba con la gallina de los huevos de oro llamada incentivos o retrocesiones que sólo podrán cobrar si “aportan valor añadido al cliente”. Imaginaréis la magnitud del problema.  

Así que entre taxistas, estibadores y banca nos han hecho retroceder un siglo (o alguno más). Nos han enseñado nuestra verdadera cara y han expuesto nuestras limitaciones al mundo. Y son muchas. Pues debemos unirles el cierre de Google News o la tasa que impide el autoconsumo energético entre otros. En el sector tecnológico la competencia o estimula para continuar innovando o se integra en el modelo de negocio. 

En este país competir no es meritorio sino que es heroico. Hay que estar loco para querer cambiar las reglas pues los lobbies se ponen nerviosos y recurren a sus peores argumentos para justificar el por qué las reglas no deben modificarse. El resto del mundo gira, España se detiene.

*Nota aclaratoria Cabify remitida hoy sobre la opinión personal de la columna: "En Cabify contamos con seguro de responsabilidad civil de hasta 50 millones de euros obligatorio para todos los vehículos que colaboran con Cabify -que cubre tanto a los usuarios como al conductor- por tanto, en caso de accidente todos los ocupantes del vehículo serían atendidos de manera inmediata para recibir el servicio necesario"

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