El pantano algorítmico

El otro día leí una noticia sobre una app que seleccionaba “las noticias del día según las preferencias del lector”.

Cada semana, Spotify me sugiere su “descubrimiento semanal”, basado en las canciones que he escuchado anteriormente.

Amazon me recomienda libros parecidos al último que consulté por curiosidad en su web.

El “a quién seguir” de Twitter me habla de gente y cuentas con las que, supuestamente, tengo algún interés en común o piensan como yo.

Netflix cree que por haber visto (y disfrutado) de Downton Abbey ya me puede gustar “Las chicas del cable”.

La presencia de los algoritmos en el mundo 2.0 es omnipresente.

Y tiene sus ventajas, ya que te ofrece cosas/personas que ni sabías que existían o, mejor aún, ni sabías que necesitabas.

Pero también tiene su lado oscuro, al menos a medio plazo.

Siempre se había dicho que Internet era un océano inmenso, inabarcable y, aquí estaba su gracia, lleno de opiniones, ideas, músicas, películas totalmente ajenas a lo que habías leído, pensado, escuchado o visto.

Pero eso está cambiando poco a poco. Las sugerencias “inteligentes”, basadas en nuestras opciones anteriores, lo que consiguen es ir cerrándonos ese océano inmenso y convertirlo poco a poco en un pantano. Podrá ser un pantano grande, pero no tendrá la vitalidad ni la renovación constante de un océano. Acabarán siendo al final las mismas ideas, canciones o películas sin dejarnos la oportunidad de probar algo nuevo.

Y lo que es peor, seremos menos libres (si es que ahora lo somos, claro). Viviremos en una burbuja en la que sólo recibiremos las noticias que nos gustan (más noticias de gatitos y menos de conflictos en algún lejano país), las notificaciones con los tuits de los pensamientos de la gente con la que ya estamos de acuerdo y reafirma nuestras convicciones (bye bye, espíritu crítico y debate de ideas) y con los avisos de Facebook de la última foto posturil (en esto soy pecador, lo confieso) de aquel compañero de colegio que hace 25 años que no ves y que en el fondo te da igual.

Estaremos a gusto en las aguas del pantano pero a medio plazo se convertirán en lo que son: aguas estancadas.

 

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