Cuando el trabajo te divierte

Sé que, para muchos, el título del artículo de hoy es una provocación. ¿Un trabajo divertido? ¡Pero si la propia etimología de trabajo -tripalium- nos remite a un instrumento de tortura! Eso es -para muchos, insisto- el trabajo: un suplicio por el que hay que pasar para poder ganarse la vida, sobrevivir y, en el mejor de los casos, permitirse algún lujo.

Si es lo que creemos, es muy probable que nuestro trabajo sea para nosotros realmente eso, una pesada cruz que cargamos sobre nuestros hombros. Pero existen otras opciones… Igualmente exigentes, pero gozosas y llamadas al éxito.

¿Y si nuestro trabajo estuviera en armonía con nuestros talentos? ¿Acaso no disfrutamos haciendo aquello que se nos da mejor? ¿No obtenemos mejores resultados si centramos nuestros esfuerzos en aquello para lo que tenemos un especial don? ¿No conseguiremos una mayor retribución si obtenemos un rendimiento único?

Autores como Jaime Balmes, E.F. Schumacher o el propio Ken Robinson han dedicado muchas páginas a animarnos a buscar cuál es nuestra vocación, el trabajo al que estamos llamados, aquél en el que podemos aportar más, conseguir más y destacar más al mismo tiempo que nos desarrollamos como personas y hacemos una aportación única al mercado, a la sociedad y, por qué no, también a la historia.

Puede parecernos que ya es tarde, que nuestra vida ya está determinada en una dirección y que es imposible cambiar nuestro destino. No nos engañemos, basta con mover el timón un poco -- sólo un poco -- para terminar en un puerto muy distinto del que a día de hoy nos encaminamos. Si ir a trabajar es para ti una tortura, te animo a intentarlo. Busca aquello en lo que te sientes realizado, inícialo como un hobby y deja que la vida se desarrolle por nuevos senderos que hoy no puedes ni imaginar. Basta con que se lo permitas, con que no opongas resistencia, con que fluyas.

Y un último apunte para quienes, como yo, tenéis hijos: animadles a seguir su auténtica vocación con el convencimiento de que su excelencia les garantizará un salario que les permita vivir. No seamos tan brutos como para recomendarles que escojan su futuro profesional en función de la retribución que acompañe a su elección. Porque, pensadlo bien, si lo hacemos les estaremos pidiendo que se dejen encarcelar y torturar a cambio de dinero. Eso es peor que la prostitución. Y ningún padre en su sano juicio -- si se detiene un segundo a pensarlo -- le daría un consejo como ése a su hijo. Y, sin embargo, ¿cuántas veces lo hemos hecho?

¡Ojalá cada uno de nosotros -- y de quienes nos rodean -- nos divirtamos trabajando en lo que mejor se nos da, gozando con lo que hacemos y enriqueciendo a nuestro entorno con los frutos de un trabajo que nadie podría hacer como nosotros! 

En nuestra mano está hacer historia… No nos cortemos las alas, no volemos como aves de corral cuando estamos llamados a surcar el cielo como las águilas. Sería una pena…  Y una gran pérdida.

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