Crónicas trumpistas - Análisis de los 100 días de Donald Trump

El mandato de Donald Trump cumple 100 días, 100 jornadas en las que ha habido de todo menos aburrimiento

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto a su hija Ivanka Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto a su hija Ivanka Trump / EFE

Hoy, mientras estoy empezando a escribir la presente entrega de estas Crónicas, el mandato de Donald Trump cumple 100 días, 100 jornadas en las que ha habido de todo menos aburrimiento. Acostumbrados a un seguimiento más plácido y acomodaticio de la política norteamericana, siempre sólida en sus cimientos pese los vaivenes de poder, Trump no ha dado respiro a políticos, periodistas y analistas. Anuncios, tuits, declaraciones, órdenes ejecutivas, polémicas, dichos y desdichos, nombramientos, destituciones y sustanciales cambios de opinión se han ido sucediendo sin solución de continuidad y sin apenas dejar espacio para la reflexión.

Fiebre del Sábado Noche

En efecto, cuando la última noticia presidencial todavía se está cocinando en el horno de redacciones y gabinetes, una nueva andanada mediática desbarata cualquier atisbo de reacción pausada. Un excelente relato de esta vorágine nos lo proporciona Dori Toribio, brillante corresponsal de diversos medios en Washington DC, en cuyo timeline de Twitter cada domingo pueden ustedes repasar los acontecimientos de la semana precedente (aquí tienen todos sus tuits recopilados).

En cualquier caso, tal realidad no debería sorprendernos. Este es ni más ni menos el viejo estilo Trump, tal y como anticipamos en el primer post de la serie. En un demoledor artículo de David Remnik en el New Yorker sobre estos primeros 100 días de presidencia (muy previsible y belicoso, en la línea ideológica de la publicación neoyorquina), el autor relata una excelente anécdota que refleja muy bien el carácter del personaje:

Trump no se ha desviado de su camino para ocultar la esencia de su relación con la verdad y cómo escoge navegar por el mundo. En 1980, a punto de anunciar sus planes para construir la Torre Trump, un edificio de cincuenta y ocho plantas entre la Quinta Avenida y la Calle Cincuenta y Seis, aconsejó a su arquitecto antes de entrevistarse con un grupo de periodistas. ‘Ofréceles el viejo Trump bullshit’, dijo. ‘Diles que tendrá un millón de pies cuadrados y sesenta y ocho plantas’.”

Fiel a ese estilo, Trump no ha celebrado la efeméride presidencial en la tradicional cena de gala de los corresponsales de prensa de la Casa Blanca, sino en un evento en Harrisburg, Pennsylvania, arropado por miles de sus seguidores y lanzando proclamas mitineras. Allí se ha despachado a gusto con sus sospechosos habituales:

Un gran grupo de actores de Hollywood y periodistas de Washington se están consolando unos a otros en un salón de baile de nuestra capital ahora mismo. Si el trabajo de los medios de comunicación es ser honestos y decir la verdad, los medios merecen un enorme y gordo suspenso”

Una de las reivindicaciones más aclamada por los asistentes se ha referido a su acción de gobierno:

Mi administración ha estado ofreciendo resultados todos los días para los grandes ciudadanos de nuestro país. Estamos cumpliendo una promesa tras otra, y francamente la gente está muy contenta por ello”.

Conociendo la afición de Trump por la hipérbole y el maquillaje factual, parece un sano ejercicio contrastar tales declaraciones con la realidad conocida hasta el momento.

Palabras Versus Hechos

Parece claro que durante estos primeros y febriles 100 días, Trump ha cumplido con dos demandas genéricas de su electorado: insuflar renovado vigor (y sustancia) al debate político estadounidense, muy romo durante la parte final del mandato Obama, y devolver a los Estados Unidos un protagonismo global que parecía declinar. Por este lado, misión cumplida. Además, a pesar de sus exabruptos y salidas de tono, su progresivo aprendizaje de la rutina presidencial desmiente los vaticinios que le auguraban un corto mandato. Tenemos Trump para rato.

Por otra parte, el nuevo presidente ha debido lidiar con la cruda realidad política, esa que evidencia la enorme distancia existente entre promesas electorales y hechos fehacientes. En este sentido, coincido con el preciso análisis de don Antonio Camuñas, veterano y expertísimo estudioso de la nación americana, en la admiración que nos suscita el funcionamiento de los mecanismos de balance y contrapeso de la curtida democracia estadounidense, así como la potencia de su sociedad civil. El ejercicio del poder ejecutivo no viene automáticamente dado por la condición de presidente ni puede resultar unilateral: un robusto marco institucional lo modera. Y ahí ha encontrado Trump los límites a sus grandilocuentes y voluntariosas promesas electorales.

Una buena manera de contrastar ese autoproclamado cumplimiento de compromisos es repasar punto por punto su famoso Contrato con el Votante Americano, su plan de acción durante los primeros cien días para “Hacer América Grande de Nuevo”. Algunos apuntan con razón, entre ellos don Antonio, que una cosa es la contienda electoral y otra la vida real, y que sus antecesores no se distinguieron precisamente por su inicial eficacia cumplidora, pero no es menos cierto que Trump se erigió en campaña como el fustigador implacable de una clase corrupta incapaz de estar a la altura de su palabra. Cuando uno suscita tales expectativas, es justo que se le audite severamente.

La Parte Contratante de la Primera Parte

La primera página del “contrato electoral” está dedicada a medidas y acciones directas, y ahí es donde Trump parece haberse mostrado más efectivo, aunque en este punto debamos realizar dos obvias pero muy necesarias precisiones: primero, el hecho de declarar que se va a hacer una cosa, bien sea a la voz o mediante orden ejecutiva, no significa necesariamente que se haya hecho. Segundo, una promesa cuyo cumplimento, a sabiendas o no, resulta muy complejo o casi imposible de ejecutar, no es tal promesa, sino un engaño o un brindis al sol. Demasiados periodistas y analistas políticos parecen haberlo olvidado durante estos días, en un sentido u otro.

Contrato Donald Trump USA

La radio pública NPR, en su habitual línea de rigor, ha realizado la que es para mí la mejor revisión de las medidas del “contrato”, un ejemplo de buen periodismo. Basado en su excelente análisis factual, he marcado en rojo los incumplimientos de la administración Trump (0 puntos), ya sea por inacción o por incapacidad legal; en naranja las medidas puestas en marcha cuya efectividad es todavía incierta o de difícil verificación (0,5 puntos), y en verde los compromisos activados, en ejecución o que podemos considerar cumplidos con mayor o menor acierto (1 punto).

Así, en esta primera parte del contrato, sobre una puntuación total posible de 18 puntos, Trump ha obtenido 11,5 puntos, lo que arroja una nota de 6,4, esto es, un aprobado.

La parte contratante de la segunda parte

Mucho peor es el resultado de las promesas relacionadas en la segunda parte del contrato, mostradas en la imagen siguiente y ligadas con la actividad legislativa del Congreso. Pese al anuncio con bombo y platillo de la reforma fiscal, tal iniciativa no deja de ser por ahora una cuartilla repleta de buenos propósitos, ninguna concreción y demasiados interrogantes, entre ellos el previsible impacto sobre las cuentas públicas, muy especialmente la deuda.

Donald Trump Declaracion

Ningún movimiento se ha producido en lo relativo a la prometida Ley sobre Deslocalización de Empresas ni tampoco en lo que a la Ley de Energía Americana e Infraestructura se refiere. Nebuloso también es el futuro de la Ley de Elección de Escuela y Oportunidades Educativas, para la que la administración Trump parece haber reservado fondos en su primer esbozo presupuestario. Por su parte, la derogación del Obamacare supone uno de los mayores fracasos de sus primeros 100 días de mandato, que además ha generado un verdadero terremoto en las filas republicanas.

Nada sustancial parece haberse activado tampoco en relación con la Ley sobre el Cuidado de Niños y Mayores ni acerca del polémico muro fronterizo con México y la nueva Ley sobre Inmigración Ilegal. Por otro lado, como bien explica el análisis de NPR, la prometida Ley de Restablecimiento de la Seguridad Ciudadana no es más que retórica, y de La Ley para Limpiar la Corrupción en Washington no hay noticias por el momento. Finalmente, se han realizado algunas acciones puntuales relacionadas con el desarrollo de la futura Ley de Restablecimiento de la Seguridad Nacional, pero quedan muy lejos de las ambiciosas intenciones expresadas.

En definitiva, un desangelado panorama que supone un suspenso sin paliativos en las promesas electorales ligadas a la introducción de nuevas leyes. Ello indica un desconocimiento palmario de las posibilidades reales de obtener resultados legislativos tangibles en apenas 100 días (algo ya de por sí muy difícil), incluso contando con la mayoría republicana en ambas cámaras. En este ámbito, Trump ha demostrado una evidente bisoñez, con el agravante de imprudencia. Su carácter tempestuoso e inoportuna locuacidad constituyen un importante freno para negociar con congresistas y senadores de uno y otro partido en el endiablado tablero de Washington, que el presidente tanto detesta. A este respecto, el sonoro batacazo de la reforma sanitaria ha supuesto una llamada de atención mayúscula, de la que Trump debe aprender si no quiere seguir estrellándose en el futuro inmediato.

Conclusión

Los primeros 100 días de mandato de Trump no han conllevado ni el Apocalipsis anunciado por los sectores más combativos de la izquierda ni el resplandeciente resurgir del sueño americano que prometía el candidato, algo totalmente previsible teniendo en cuenta el limitado período temporal. El ahora presidente ha conseguido demarcar unas líneas muy claras en la arena internacional, que le han granjeado el respeto de aliados, adversarios y competidores globales. Asimismo, ha sacudido las telarañas del sistema americano, un tanto adormecido de conformismo, generando un debate político, económico y cultural muy necesario para el futuro. Estados Unidos vuelve a ser el centro de atención del planeta. Y se mueve.

Más allá de tales avances, los logros domésticos de su equipo han sido por ahora limitados y contradictorios. Abundan los apresuramientos, torpezas e incompetencias, y no acabamos de divisar una estrategia nacional coherente que coordine y complemente los diferentes esfuerzos iniciados, algunos de ellos realmente interesantes. Los interrogantes económicos relacionados con la reforma fiscal y las tentaciones proteccionistas nos aconsejan ser prudentes en nuestras valoraciones, pero nada parece impedir que a corto y medio plazo la economía norteamericana acabe repuntando de manera importante. Lo que sí resulta completamente seguro es que, con Trump al mando, estos próximos meses serán de todo menos anodinos.

Never surrender, queridos lectores.

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